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Zerreitug, el artista que convirtió la historia de Chile en cientos de escenas talladas en madera

Con más de 60 años de trayectoria, Rodolfo Gutiérrez ha creado más de 130 dioramas que reconstruyen episodios históricos y escenas de la vida cotidiana. Sus obras comenzaron a exhibirse en el Metro de Santiago en 1981 y hoy están presentes en todas sus líneas, además de museos y colecciones privadas.

De los dibujos infantiles a vivir de la madera

Antes de convertirse en uno de los artistas más reconocidos por sus recreaciones históricas en miniatura, Rodolfo Gutiérrez comenzó dibujando e inventando historietas cuando era niño. Con el tiempo, experimentó con materiales como la greda y la plasticina, hasta llegar a la madera, técnica con la que desarrollaría una carrera que supera las cinco décadas. Su formación fue principalmente autodidacta y, aunque estudió contabilidad, nunca ejerció esa profesión.

Cuando tenía alrededor de 20 años descubrió que podía vender las figuras que elaboraba. Ese primer acercamiento al trabajo artístico como fuente de ingresos marcó el inicio de una trayectoria dedicada a la creación de personajes y escenas en miniatura. Bajo el seudónimo de Zerreitug, que surge de escribir su apellido al revés, comenzó a construir un catálogo de piezas que con los años crecería hasta incluir cientos de figuras y más de 130 dioramas.

El salto de los talleres a los museos y el Metro

Sus primeros 11 dioramas fueron encargados por el museo de la Casa Colorada, uno de los espacios que le permitió llevar sus recreaciones históricas a un público más amplio. Posteriormente, su trabajo llegó a la Galería de la Historia de Concepción, consolidando una línea artística centrada en representar acontecimientos y escenarios del pasado con un alto nivel de detalle.

En 1981 realizó su primer diorama para el Metro de Santiago, una representación de la construcción del puente Cal y Canto que fue instalada en la estación del mismo nombre. A partir de ese encargo, sus creaciones comenzaron a formar parte de los espacios de circulación cotidiana de miles de personas. Con el paso de los años, sus obras se extendieron a todas las líneas de la red, convirtiendo las estaciones en lugares donde los pasajeros también pueden encontrarse con distintas escenas de la historia de Chile.

Cada escena comienza con una investigación

Detrás de cada diorama existe un proceso de documentación que permite reconstruir los escenarios, los personajes y los elementos que componen una época. Fotografías, recortes de prensa, relatos y otros antecedentes forman parte del material que Zerreitug reúne antes de comenzar a tallar. La investigación es fundamental para construir escenas que no solo representen un acontecimiento, sino que también incorporen detalles que ayuden a comprender cómo se desarrollaba la vida en ese momento.

El trabajo continúa en su casa taller de El Arrayán, donde utiliza herramientas como martillos y formones, además de témpera y barniz, para transformar la madera en figuras y escenarios. El proceso puede extenderse durante horas, días o meses, dependiendo de las características de cada encargo. La precisión de los personajes, su ubicación y los objetos que los rodean son parte central de una composición en la que cada elemento cumple una función dentro de la escena.

De la fundación de Santiago a los antiguos tranvías

El repertorio de Zerreitug abarca distintos episodios y personajes de la historia nacional. Entre sus recreaciones aparecen figuras como Cristóbal Colón y Bernardo O’Higgins, además de escenas vinculadas al cruce de Diego de Almagro por la cordillera de los Andes y la fundación de Santiago. Sus dioramas también recuperan espacios y formas de vida que han desaparecido, como el antiguo terminal de tranvías que existió en la intersección de Tobalaba con Providencia.

Junto con las obras destinadas a museos y espacios públicos, el artista ha creado figuras que han sido vendidas a coleccionistas, ampliando los formatos en que se conoce su trabajo. Sin embargo, los dioramas ocupan un lugar especial dentro de su producción. A través de ellos, la talla en madera se convierte en una forma de reconstrucción histórica que permite acercar acontecimientos del pasado a personas que, muchas veces, se encuentran con estas escenas de manera espontánea durante sus recorridos por la ciudad.

Con más de 130 dioramas realizados y una trayectoria iniciada hace más de cinco décadas, Zerreitug ha construido una obra que combina investigación, oficio y representación histórica. Su trabajo permanece en museos y estaciones del Metro, donde las escenas talladas pueden ser observadas gratuitamente por el público. Más allá de la destreza técnica que exige cada figura, sus creaciones mantienen vivo un archivo visual de personajes, acontecimientos y lugares que forman parte de la memoria colectiva de Chile.