Vivió en un toldo, perdió $25 millones apostando y hoy importa desde China: la historia de Carlos Ortega y Mayte Emporio
Carlos Ortega no terminó cuarto medio.
Se crió junto a su mamá, su abuela y su hermano en Maipú, en una familia donde nunca sobró el dinero, pero donde desde pequeño aprendió el valor del trabajo.
Mientras otros niños jugaban, él ya buscaba formas de ganar dinero. Primero vendiendo tazos y pequeños productos en el colegio, y más adelante organizando verdaderos mini negocios con sus compañeros como vendedores.
“Yo ganaba más o menos como 40 lucas, 50 lucas en el día en el colegio”, recuerda.
Su interés por el comercio no apareció de la noche a la mañana. Su mamá, su abuela y especialmente su tío se dedicaban al rubro, por lo que desde pequeño comenzó a acompañarlos en ferias y viajes de trabajo.
Con el tiempo dejó los estudios y decidió enfocarse completamente en los negocios.
“No llegué hasta primero medio. Me empezó a ir bien en los negocios y sentí que estaba perdiendo más tiempo”, cuenta.
Sin embargo, hoy reconoce que fue una decisión que no necesariamente recomienda.
“A lo mejor hubiese aprendido más cosas y hubiese crecido más rápido o más fácilmente.”

Del comercio ambulante a vivir en un toldo
Antes de crear Mayte Emporio, Carlos trabajó durante años vendiendo distintos productos en la Plaza de Maipú.
Pero todo cambió con el estallido social y posteriormente con la pandemia.
Las ventas cayeron fuertemente y comenzó a buscar nuevos productos para comercializar. Fue así como llegó a Estación Central, inicialmente con la idea de vender por internet.
Lo que no esperaba era que la oportunidad apareciera frente a sus ojos.
Durante la pandemia logró comprar un lote de cobertores que una importadora no quería vender debido a las restricciones existentes en ese momento.
Los publicó por internet, pero antes de entregar los pedidos decidió abrir uno de los embalajes para prepararlo.
La reacción fue inmediata.
La gente que pasaba por el lugar comenzó a comprar directamente en la calle y en pocos minutos había vendido todo.
“Saqué los cobertores y los vendí en cinco o diez minutos.”
Ese momento cambió completamente su rumbo.
Comenzó a instalarse diariamente en Estación Central, ampliando cada vez más su espacio de venta hasta llegar a tener uno de los puestos más grandes del sector.
Incluso hubo un periodo en que decidió vivir en el mismo lugar donde trabajaba.
“Yo viví un año acá.”
Lejos de verlo como un sacrificio, hoy recuerda esa etapa con cariño.
“Tenía tele, tenía mesa de ping pong, hacía asado todos los días. Me encantó. Lo volvería a hacer todo.”
El error que le costó todo
A medida que sus ventas crecían, también comenzaron a aparecer nuevos desafíos.
Por primera vez empezó a manejar montos de dinero mucho mayores que los que estaba acostumbrado.
Y cometió errores.
Primero gastando más de lo que generaba.
Después apostando.
“Perdí todo lo que tenía en ese momento.”
La cifra fue cercana a los $25 millones.
Sin embargo, hoy sorprende con una reflexión que repite varias veces durante la conversación.
“Fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida.”
Según explica, esa caída lo obligó a reaccionar.
Tuvo que reconstruirse, ordenar sus finanzas y buscar nuevas formas de crecer.
Fue justamente en ese momento cuando comenzó a tomarse en serio las redes sociales.
El TikTok que cambió su vida
Aunque hoy suma cientos de miles de seguidores en distintas plataformas, Carlos reconoce que inicialmente le daba vergüenza grabarse.
Todo cambió cuando un amigo grabó uno de sus puestos llenos de alfombras mientras los clientes competían por comprarlas.
Subieron el video a TikTok.
Y explotó.
“Tenía como dos millones.”
A partir de ese momento comenzó a publicar contenido todos los días.
Hoy sigue haciéndolo.
“Yo subo 10 videos más o menos diarios a TikTok.”
Las redes sociales transformaron completamente su negocio.
Pasó de vender principalmente al detalle a recibir clientes mayoristas de todo Chile.
Incluso desarrolló una estrategia simple pero efectiva: ofrecer descuentos especiales a quienes llegaban desde TikTok.
Con el tiempo expandió su presencia también a Instagram y Facebook, plataformas que hoy considera fundamentales para vender.

Viajar a China sin saber inglés
Otro momento clave llegó cuando uno de sus proveedores chinos decidió darle una oportunidad.
En un momento donde no tenía dinero para comprar mercadería, le ofreció productos a crédito.
Carlos aceptó.
Vendió todo.
Y terminó convirtiéndose en uno de sus principales clientes.
Tiempo después recibió una invitación que jamás imaginó.
Viajar a China.
Era la primera vez que salía del país.
Nunca había tomado un avión.
No hablaba inglés.
No hablaba chino.
“Estaba cagado de miedo.”
A pesar de todo, tomó el riesgo.
El viaje resultó un éxito y marcó el inicio de una relación comercial que continúa hasta hoy.
Actualmente ha viajado más de una decena de veces a China y desarrolló una estructura propia para gestionar importaciones.

Una empresa con decenas de trabajadores
Lo que comenzó como un puesto en la calle terminó transformándose en una empresa familiar.
Hoy Mayte Emporio cuenta con locales físicos, una operación de importación consolidada y decenas de trabajadores.
“Hoy día tengo 47 trabajadores acá en Santiago.”
Además mantienen operaciones en Temuco y continúan evaluando nuevas aperturas.
Parte importante del crecimiento, asegura, estuvo en aprender a delegar.
“Para tú crecer es importante aprender a delegar.”
Carlos se encarga principalmente de buscar productos, detectar tendencias y generar contenido para redes sociales, mientras otros miembros de la familia lideran áreas como compras, logística, administración y contabilidad.

El sueño que ya cumplió
A pesar del crecimiento, Carlos asegura que su principal motivación nunca fueron los autos de lujo ni los bienes materiales.
Su objetivo era mucho más simple.
Regalarle una casa a su mamá.
Y lo logró.
“Mi sueño era regalarle una casa a mi mamá.”
“Ya lo cumplí.”
Cuando habla de ella, su tono cambia completamente.
“Mi mamá es todo.”
Una frase que resume gran parte de la historia detrás de Mayte Emporio.
Una historia donde el comercio, el esfuerzo, las caídas y la capacidad de volver a levantarse terminaron construyendo mucho más que un negocio.