Virginia Valdés: la mujer de 103 años que fundó la clásica Juguetería Alemana
Virginia Valdés y su esposo, Enrique Bahamondes, fundaron la Juguetería Alemana en 1960 casi por accidente, después de que un cargamento de juguetes que nadie quiso recibir terminó dando origen a un negocio familiar que hoy continúa vigente con su tercera generación.
El comienzo
En 1960, Enrique Bahamondes trabajaba como representante en Chile de una empresa exportadora alemana con sede en Hamburgo. Ese año consiguió un importante pedido de juguetes para una cooperativa que pretendía entregarlos como regalos de Navidad a los hijos de sus funcionarios. La mercadería fue enviada desde Alemania y llegó en numerosos cajones de madera al puerto de Valparaíso.
Pero cuando el cargamento ya estaba en Chile, la cooperativa informó que había cambiado de opinión y que no se haría cargo de los juguetes. Enrique quedó entonces con un problema difícil de resolver: tenía que hacerse cargo de una mercadería que no tenía comprador y, además, pagar los derechos de aduana para poder retirarla. Intentó traspasar el cargamento a un tercero, pero no encontró a nadie interesado.
Fue en medio de ese problema cuando Virginia Valdés Núñez le hizo una propuesta a su esposo: ¿por qué no instalaban ellos mismos un local para vender los juguetes? La idea implicaba conseguir un lugar y encontrar la forma de financiar la operación, pero finalmente recibieron el apoyo del Banco Árabe y pudieron sacar adelante el proyecto.
El 2 de noviembre de 1960, Virginia y Enrique abrieron las puertas de la Juguetería Alemana en el Pasaje Matte. Lo que había comenzado como una solución inesperada terminó convirtiéndose en un negocio familiar que marcaría sus vidas. Virginia recuerda incluso cuál fue su primera venta: un té eléctrico.
La época dorada de la juguetería
Durante esos primeros años, la relación con los clientes también fue parte importante de la identidad de la tienda. Virginia recuerda que muchas de sus clientas terminaban convirtiéndose en amigas y que, especialmente antes de Navidad, llegaban personas desde distintas ciudades del sur de Chile para comprar sus regalos. “Allá llegaban las señoras de Valdivia, de Osorno”, recuerda.
A Virginia siempre le gustó el negocio y asegura que le dio muchas satisfacciones. Sin embargo, la muerte de Enrique significó un cambio profundo. Después de quedar sin su compañero de tantos años, entendió que ya no podía continuar atendiendo de la misma manera, pero tampoco estaba dispuesta a ver desaparecer aquello que ambos habían construido.
“Yo no quiero que muriera la juguetería”
“Yo no quería que muriera la juguetería y no quiero que muera”, cuenta Virginia. Por eso, el negocio siguió dentro de la familia y hoy es Felipe Bahamondes, su nieto, quien está al frente, convirtiéndose en la tercera generación que continúa la historia iniciada por Virginia y Enrique hace más de seis décadas.

Desde aquel primer cargamento rechazado hasta hoy han pasado 66 años. La Juguetería Alemana logró sobrevivir a los cambios de época y mantenerse como un negocio familiar, conservando la historia de sus fundadores y una tradición que pasó de padres a hijos y luego a nietos, y hoy sigue haciendo felices a grandes y chicos.