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"Un día publiqué un aviso en El Mercurio diciendo que fabricaba la mejor chaqueta del mercado y empecé el negocio": la historia de Manuel Fuentes Roco y su casi 60 años dedicado a la sastrería

Aprendió el oficio junto a su padre cuando tenía 14 años, trabajó durante cuatro décadas confeccionando uniformes para empresas y, cuando la pandemia cambió el rumbo de su negocio, decidió reinventarse. Hoy, Manuel Fuentes Roco sigue demostrando que la pasión por un oficio no tiene fecha de vencimiento.

Todo parte por casa

Entre telas, agujas y moldes de patronjae comenzó la historia de Manuel Fuentes Roco. A los 14 años empezó a trabajar junto a su padre, quien era sastre, sin imaginar que ese aprendizaje marcaría el resto de su vida. Lo que inicialmente fue una forma de ayudar en el taller familiar terminó convirtiéndose en una verdadera vocación. Con el tiempo descubrió que tenía facilidad para el oficio y que cada prenda era una oportunidad para perfeccionar un talento que aún hoy lo acompaña.

La sastrería no solo definió su futuro, sino también el de parte de su familia. Además de su padre, uno de sus hermanos siguió el mismo camino y se dedicó al mismo oficio. Décadas después, la tradición emprendedora también alcanzó a una nueva generación: uno de sus hijos abrió una tienda de vestuario con un estilo completamente distinto, orientado al mundo del rock, demostrando que el gusto por la moda y la confección continúa presente en la familia.

El aviso en el diario que cambió su destino

En 1980, mientras Chile enfrentaba una compleja crisis económica, Manuel tomó una decisión que cambiaría su vida: independizarse. Sin grandes recursos, publicó un aviso en El Mercurio con una frase que resumía la confianza que tenía en su trabajo: "Fabrico la mejor chaqueta del mercado". La apuesta dio resultado. Una clienta de Vitacura leyó el anuncio, se contactó con él y abrió la puerta a una oportunidad que marcaría las siguientes cuatro décadas.

A partir de ese primer contacto comenzó a confeccionar uniformes para distintas empresas, especializándose en prendas corporativas y desarrollando un negocio estable que le permitió sacar adelante a su familia. Durante 40 años trabajó en ese rubro, perfeccionando técnicas, construyendo relaciones con sus clientes y consolidando una trayectoria basada en la calidad y el trabajo bien hecho.

Reinventarse cuando todo cambió

Sin embargo, los años de estabilidad dieron paso a un escenario completamente distinto. La pandemia, la disminución de los pedidos y el paso del tiempo hicieron que el negocio de uniformes dejara de ser viable. En lugar de pensar en el retiro, Manuel optó por volver al origen de la sastrería: confeccionar prendas únicas, hechas completamente a medida y adaptadas a cada cliente.

Su trabajo comienza mucho antes de cortar una tela. Primero observa cuidadosamente a la persona, analiza su postura, la forma de sus hombros, la caída de la espalda y cada detalle que influirá en el resultado final. Solo entonces toma las medidas y comienza un proceso artesanal donde el cliente decide cada aspecto de la prenda, desde el largo de las mangas hasta el ancho de las solapas. Para Manuel, una buena chaqueta no solo debe verse bien, sino también sentirse como una segunda piel.

Un nuevo comienzo en Providencia

Hace dos años instaló Roco Sastrería en el Caracol Los Pájaros, en plena Avenida Providencia. El lugar tiene un significado especial para su familia, porque que antes que azotara la crisis de 1980 uno de sus hermanos tuvo allí una sastrería que finalmente no logró mantenerse y quebró. Los primeros meses tampoco fueron fáciles para Manuel: el flujo de clientes era escaso y el desafío de volver a posicionarse parecía enorme después de tantos años trabajando en otro formato.

Fue entonces cuando apareció un aliado inesperado. Uno de sus hijos, publicista de profesión, comenzó a manejar la cuenta de Instagram del negocio para mostrar el proceso de confección y el trabajo artesanal detrás de cada prenda. Poco a poco comenzaron a llegar nuevos clientes atraídos por la calidad de su trabajo y las recomendaciones en redes sociales. Hoy el panorama es completamente distinto. Manuel asegura, entre risas, que muchas veces siente que le faltan manos para responder a la demanda.

Una pasión que sigue intacta

A sus 73 años, Manuel no habla de sacrificios ni de desafíos. Habla de pasión. Cada traje que confecciona representa la continuidad de un oficio que aprendió siendo adolescente y que nunca dejó de disfrutar. Para él, trabajar no es una obligación, sino una actividad que forma parte de su identidad y que sigue realizando con la misma dedicación de siempre.

Cuando mira hacia atrás, reconoce que el mayor logro no son solo las miles de prendas que han salido de su taller. La verdadera recompensa ha sido haber construido una vida gracias a un oficio aprendido junto a su padre, criar a sus tres hijos y alcanzar una estabilidad económica y emocional haciendo lo que más le gusta. Su historia demuestra que la experiencia, la perseverancia y la capacidad de adaptarse pueden mantener vigente un emprendimiento incluso después de más de medio siglo de trabajo.