Tiene 94 años y sigue trabajando como barista en el local que fundó hace más de 60 años en Ñuñoa
Giuseppe Giordano llegó a Santiago desde Nápoles en 1954 y, una década después, abrió el Café California junto a su esposa y su hermano. Hoy, el local de Irarrázaval con Miguel Claro conserva parte de su decoración original, trabajadores que llevan hasta 60 años en el negocio y a su fundador, quien sigue preparando cafés a diario y no piensa retirarse.
De Nápoles a una esquina de Ñuñoa
Giuseppe Giordano llegó a Santiago en 1954, procedente de Nápoles, Italia. Durante sus primeros años en Chile tuvo distintos trabajos hasta que decidió apostar por un rubro que conocía bien: la gastronomía. Su experiencia en las fuentes de soda italianas le había enseñado el oficio y, con el tiempo, quiso llevar ese conocimiento a un proyecto propio. Así nació el sueño de tener un lugar donde los clientes pudieran disfrutar de un buen café y pasar un momento agradable.
Hace 62 años, junto a Nora, su esposa, y Doménico, su hermano, abrió el Café California en la esquina de avenida Irarrázaval con Miguel Claro, en Ñuñoa. Desde entonces, el establecimiento se ha mantenido en el mismo lugar, convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano de la comuna.
Un negocio que mantiene su esencia
La Pastelería y Salón de Té California conserva elementos de la decoración de sus primeros años, pero su permanencia no se explica únicamente por la nostalgia. Para Giuseppe, la esencia del negocio también está en los sabores y en la atención que han acompañado a generaciones de clientes. Hoy es habitual encontrar familias que vuelven al local, algunas de ellas con historias que se remontan a sus primeras décadas de funcionamiento.

Parte de esa continuidad también se refleja en su equipo. Algunos trabajadores llevan 40, 50 e incluso 60 años desempeñándose en el establecimiento, una trayectoria poco habitual en un rubro donde mantener un negocio abierto durante tanto tiempo supone un desafío constante. En California, los años de trabajo compartido han terminado por convertirse en parte de su propia historia.
Más de 100 cafés al día
A sus 94 años, Giuseppe sigue involucrado en el funcionamiento del local y hay una tarea en la que asegura que pocos pueden competir con él: preparar café. El italiano cuenta que puede hacer más de 100 tazas al día y se considera tanto el mejor como el más rápido en ese oficio. Aunque ahora se retira a la hora del almuerzo, continúa llegando cada mañana para hacer lo que ha hecho durante buena parte de su vida.
Fuera del negocio, también procura mantenerse activo. Asiste a clases de pilates dos veces por semana y camina tres kilómetros diarios. Son parte de una rutina que le permite seguir disfrutando de sus días sin abandonar el lugar al que ha dedicado más de seis décadas.
Una vida detrás de la barra
Giuseppe ha construido una vida en torno al Café California y, aunque a sus 94 años podría pensar en dejar el trabajo, no está entre sus planes hacerlo por ahora. Para él, permanecer en el local no es solo una obligación laboral: es seguir conectado con aquello que ha formado parte de su identidad desde que decidió emprender en Chile.
Mientras las familias continúan reuniéndose en sus mesas, el café conserva algo difícil de replicar: la familiaridad de un lugar que ha acompañado a sus clientes durante años. Para su fundador, el negocio sigue siendo parte de la vida que soñó cuando llegó desde Italia. Y, por ahora, no encuentra motivos para alejarse de él.