Rodolfo Aigner, el pastelero de 81 años que continúa el legado que su familia comenzó en 1937
La historia de un tradicional local del centro de Santiago que comenzó cuando una familia austríaca decidió empezar de nuevo en Chile, transformando un pequeño emprendimiento en un negocio que hoy suma tres generaciones al frente del mesón.
En Portugal 552, en pleno centro de Santiago, funciona desde hace más de seis décadas una pastelería que ha resistido el paso del tiempo, los cambios de la ciudad, el barrio y las nuevas tendencias gastronómicas. Detrás del mesón está Rodolfo Aigner, de 81 años, quien sigue llegando cada mañana antes de las siete para continuar con el negocio familiar que comenzó gracias al esfuerzo y valentía de sus padres.

La historia de La Vienesa se remonta a 1937, cuando los padres de Rodolfo dejaron Austria, específicamente Viena, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Llegaron a Chile buscando un futuro más seguro y el padre de Rodolfo comenzó trabajando gracias a un contrato en el histórico Café Paula. Sin embargo, el espíritu emprendedor pudo más y, apenas dos años después, decidió independizarse junto a su esposa.
De Viena al mundo
En 1940 abrieron su primera pastelería en calle Portugal. Durante más de dos décadas atendieron a generaciones de clientes hasta que, en 1962, lograron comprar un terreno algunos metros más allá y construir el local donde La Vienesa funciona hasta el día de hoy. El nombre del negocio no fue casual: es un homenaje a Viena, la ciudad que la familia debió abandonar y que siempre siguió siendo parte de su identidad.
Ese mismo año, Rodolfo terminó el colegio y comenzó a trabajar junto a su padre. Aunque inicialmente lo hizo como un empleado más, con el tiempo pasó a convertirse en su socio y en el responsable de continuar el legado familiar. Sin embargo, antes de asumir ese desafío, su padre quiso que aprendiera el oficio en su lugar de origen.
Viajó a Viena para estudiar pastelería y perfeccionarse en una de las tradiciones más reconocidas del mundo. Entre 1970 y 1972 se formó primero como aprendiz y luego como chef pastelero, experiencia que marcaría su carrera y que le permitió regresar a Chile con nuevos conocimientos para fortalecer el negocio familiar.
Más de seis décadas dedicado a la pastelería
Hoy, después de más de 60 años trabajando en La Vienesa, Rodolfo reconoce que sigue disfrutando cada jornada. De lunes a sábado llega alrededor de las 6:30 de la mañana y permanece en el local hasta cerca de las siete de la tarde. Asegura que mantenerse activo es una de las claves para conservar la energía y las ganas de seguir adelante.

Con los años dejó el trabajo directo en la elaboración de tortas y pasteles para enfocarse en la administración del negocio. Esa responsabilidad hoy la comparte con sus tres hijos, quienes trabajan diariamente en la pastelería y representan la tercera generación de la familia dedicada al oficio.
Para Rodolfo, el mayor orgullo no es solo haber mantenido vivo el negocio durante tantas décadas, sino haber logrado que el legado continúe. Su deseo es que La Vienesa siga siendo parte de la historia del barrio y de Santiago por muchos años más, tal como ocurrió con el sueño que sus padres trajeron desde Austria hace casi nueve décadas.