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Rescató la clásica Guagüita, la perfeccionó y hoy es el mayor fabricante del tradicional confite chileno: Conoce la historia de Javier Rivera, dueño de Spak

Javier Rivera (69) quería ser independiente desde muy joven. Con un pequeño taller, un solo trabajador y la convicción de que aún había espacio para innovar, creó Confites Spak, una empresa que lleva más de cuatro décadas manteniendo vivo uno de los dulces más tradicionales de Chile.

Cuando Javier Rivera tenía poco más de 20 años, sabía que no quería pasar toda la vida trabajando para alguien más. Un amigo tenía una fábrica de confites y le propuso aprender el oficio antes de independizarse. Durante dos años conoció de cerca el funcionamiento del negocio hasta que sintió que era el momento de emprender por su cuenta.

En 1982 dio el gran paso. Comenzó en un espacio muy pequeño y con solo un trabajador, sin imaginar que pocos años después encontraría la oportunidad que marcaría el rumbo de su empresa.

Al rescate de un clásico

En 1983, tras la compra de Hucke por parte de Mckay y, posteriormente, de esta última por Nestlé, la fabricación de la tradicional Guagüita quedó fuera del mercado. Mientras muchos veían desaparecer este clásico confite, Javier entendió que existía una oportunidad que no podía dejar pasar.

Ese fue el momento en el que decidió apostar por su producción a mayor escala. Pero no quería hacer una Guagüita cualquiera. Desde el principio trabajó para que tuviera una identidad propia, preocupándose de cada detalle de su diseño: una carita bien definida, pelo, ojos y hasta ombligo, rasgos que la hicieran fácilmente reconocible. Esa diferencia terminó convirtiéndose en el sello de Spak.

La crisis que lo dejó debiendo $400 millones

Aunque hoy la empresa atraviesa un buen momento, el camino estuvo lejos de ser fácil. Javier recuerda haber enfrentado dos grandes crisis, pero hay una que sigue recordando como uno de los episodios más dolorosos de su vida.

A comienzos de los años 2000 comenzaron a llegar al mercado nuevos confites con precios mucho más bajos que los de Spak. Las ventas cayeron de manera importante y la empresa terminó acumulando una deuda cercana a los $400 millones. Muchos le aconsejaron abandonar el rubro y cerrar definitivamente, pero él nunca estuvo dispuesto a rendirse.

Durante diez años trabajó incansablemente para salir adelante y pagar cada peso que debía. Recién cuando logró dejar la deuda en cero sintió que había superado la prueba más difícil de su vida como emprendedor. Aunque recuerda esa etapa con dolor, también la mira con orgullo, porque nunca se rindió y continuó con el negocio.

“Los emprendedores tenemos algo de locura”

A sus 69 años, Javier asegura sentirse orgulloso del camino recorrido. Incluso después de enfrentar momentos tan complejos, nunca ha pensado en dejar de emprender. Entre risas, reconoce que tiene "un poco de locura, o quizás bastante", porque siempre encuentra una razón para seguir adelante.

Hoy, mientras Confites Spak se consolida como el mayor productor de Guagüitas del país, Javier mantiene intacto su entusiasmo. Su próximo gran sueño es llegar a Líder y Cencosud, las dos principales cadenas de retail, convencido de que ese podría ser el segundo gran salto de su empresa.