Perdió ambas manos en un accidente y transformó su vida creando un taller familiar
En abril de 2018, Hernán Sepúlveda salió de su casa para realizar un trabajo que parecía rutinario. Llevaba más de 30 años trabajando en la construcción, había sido contratista, tenía equipos a cargo y una amplia experiencia en el rubro.
Pero ese día todo cambió.
Mientras realizaba labores de recambio de letreros publicitarios, un tensor metálico hizo contacto con cables de alta tensión. La descarga eléctrica fue devastadora.
"Salí un 18 de abril de aquí y aparecí un año después en mi casa", recuerda.
Las lesiones fueron tan graves que los médicos tuvieron que amputarle ambas manos. Luego vino una larga rehabilitación. Pasó siete meses aprendiendo nuevamente a caminar y enfrentando una realidad completamente distinta.
La construcción había sido su vida durante décadas. De un momento a otro, ya no podía volver a ejercer el oficio que tanto le gustaba.
"Sentía dolor porque no podía hacer lo que a mí me gustaba", cuenta.
Una nueva oportunidad en medio de la dificultad
Los años posteriores no fueron fáciles. Además del accidente, Hernán había sufrido importantes pérdidas económicas producto del estallido social y posteriormente de la pandemia.
Sin embargo, una pequeña idea comenzó a abrir una nueva puerta.
La madre de uno de sus nietos vendía tablas para picoteo y él le propuso fabricarlas en lugar de comprarlas.
"Yo tengo mis herramientas. ¿Por qué no te las hago yo?", le dijo.
Así comenzaron a producir las primeras tablas de madera.
Más tarde, uno de sus hijos sugirió publicar algunos productos para probar suerte. La respuesta fue inmediata. Empezaron a llegar pedidos y poco a poco el emprendimiento comenzó a crecer.
Lo que partió como una actividad complementaria terminó convirtiéndose en un nuevo proyecto de vida.
De las tablas a los muebles
El negocio nació oficialmente en junio de 2020.
Al principio fabricaban únicamente tablas de picoteo. Pero después de aparecer en televisión, comenzaron a recibir solicitudes de muebles y otros trabajos en madera.
La demanda aumentó rápidamente.
Hoy su taller ya no es el pequeño espacio con el que comenzaron. Trabajan principalmente a pedido y han ampliado considerablemente la variedad de productos que fabrican.
"Ya no es un pequeño tallercito. Es un taller más grande", explica.
Lo que más valora Hernán es que logró reencontrarse con algo que siempre le apasionó: construir.
"Es lo mismo que yo hacía en construcción, pero ahora lo hago para mí", señala.
Un negocio construido en familia
Uno de los aspectos más especiales de esta historia es que el emprendimiento se transformó en un proyecto familiar.
Hernán trabaja junto a sus dos hijos. Su hija se encarga de las redes sociales, mientras que su esposa participa activamente en distintas labores del taller.
Cada integrante aporta desde su experiencia para hacer crecer el negocio.
"La satisfacción es que trabajo con mi familia", comenta.
Cuando hay ganancias, las distribuyen entre todos. Para Hernán, el verdadero éxito no está solamente en las ventas, sino en haber construido una fuente de trabajo que beneficia a quienes más quiere.
"Querer es poder"
Después de todo lo que ha vivido, Hernán tiene una visión muy clara sobre el emprendimiento.
Reconoce que el camino no es fácil. Advierte que muchos quieren emprender cuando las ventas son buenas, pero abandonan cuando llegan los momentos difíciles.
Por eso insiste en la importancia de la perseverancia.
"Hay que seguir luchando y tirando para arriba porque esto depende de uno", afirma.
Y resume toda su filosofía en una frase que repite constantemente:
"Querer es poder".
La historia de Hernán Sepúlveda demuestra que incluso después de enfrentar uno de los golpes más duros que una persona puede vivir, siempre existe la posibilidad de reinventarse, volver a empezar y construir un nuevo futuro. Esta vez, pieza por pieza, desde su propio taller y junto a su familia.
