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Pantys Roxy: la historia de una de las últimas fábricas de pantys que sobrevive en Chile

A los 17 años llegó a una fábrica de pantys para hacer labores de aseo, pero terminó aprendiendo todos los detalles del oficio textil. Por lo mismo, decidió instalar su propia fábrica de pantys en Lo Prado, la que se niega a desaparecer frente a la llegada masiva de productos importados.

De limpiar una fábrica a aprender el oficio completo

Durante cerca de 20 años trabajó como empleado en distintas labores relacionadas con la fabricación de pantys. Fue en ese período cuando aprendió no solo a confeccionar, sino también a manejar y mantener las máquinas. Ese conocimiento sería fundamental años más tarde, cuando decidió dejar el trabajo dependiente y comenzar a construir su propio negocio en Lo Prado.

Guillermo comenzó de a poco. Compró dos máquinas para iniciar su producción y, posteriormente, otro fabricante le entregó más equipos para que confeccionara sus productos. Así fue creciendo hasta llegar a producir y vender cerca de 5.000 docenas de pantys al mes, además de contar con un equipo que llegó a estar compuesto por 20 personas.

“Llegué a tener 20 trabajadores, hoy somos solo 3”

Con los años, el escenario cambió. La llegada masiva de productos importados, especialmente desde China, golpeó las ventas de su negocio y, como ocurrió con muchas pequeñas fábricas, Guillermo tuvo que reducir considerablemente su producción y su equipo. De las 5.000 docenas mensuales que llegó a vender, actualmente comercializa entre 800 y 1.000.

La disminución de las ventas también significó tomar decisiones difíciles. Personas de su propia familia trabajaron durante años junto a él, pero la situación económica del negocio finalmente hizo imposible mantener al mismo número de trabajadores. Hoy son solo tres personas las que siguen vinculadas a la empresa, mientras Guillermo continúa pasando gran parte de sus días dentro de la fábrica.

Actualmente trabaja con 16 máquinas y es capaz de producir aproximadamente 100 docenas diarias. En su espacio realiza prácticamente todo el proceso: fabrica la tela, la revisa, confecciona las prendas, las tiñe, las envasa y finalmente las entrega. Es un trabajo que conoce de principio a fin y que ha aprendido a realizar durante más de medio siglo.


Pantys Roxy, un negocio de barrio que se resiste a desaparecer

Entre sus productos se encuentran pantys elasticadas, modelos para niñas y prendas en distintas tallas y colores. También fabrica pantys maternales y otros diseños pensados para las presentaciones y bailes de niñas, ampliando una producción que se mantiene completamente ligada a la fabricación nacional.

Una de las mayores dificultades que enfrenta hoy es la falta de personas interesadas en aprender el oficio. Guillermo cuenta que nunca ha podido traspasar completamente sus conocimientos sobre el funcionamiento y mantenimiento de las máquinas, porque quienes han trabajado con él no han mostrado suficiente interés en aprender una tarea que requiere experiencia y dedicación.

A pesar de las dificultades, no contempla cerrar la fábrica. Para Guillermo, seguir trabajando también es una manera de mantenerse activo después de los 70 años. Sabe que encontrar un empleo a su edad sería difícil, pero también existe otra razón: después de tantos años construyendo su propio negocio, todavía quiere seguir adelante con él.

La historia de Pantys Roxy es también la de un oficio que ha sobrevivido a los cambios de la industria, a la competencia de los productos importados y a la reducción de las pequeñas fábricas nacionales. Guillermo comenzó limpiando una fábrica cuando era adolescente y terminó convirtiéndose en dueño de una propia. Más de 50 años después, continúa detrás de sus máquinas, fabricando sus productos y tratando de mantener vivo un negocio que levantó desde cero.