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Miguel Bastidas sigue trabajando a sus 88 años en la panadería que fundó su madre en 1955

Miguel Bastidas tiene 88 años y lleva casi toda su vida entre masas, empanadas y pasteles. Llegó al negocio familiar cuando tenía apenas 18, después de dejar el colegio para ayudar a su madre, quien había levantado una pequeña panadería en Recoleta. Hoy, miguel sigue trabajando de lunes a sábado, manteniendo el negocio que fundó su madre.

Una tradición que viene de familia

La historia comenzó mucho antes de que Miguel se hiciera cargo del negocio. Su madre, Norma, fue quien fundó la panadería, pero los conocimientos que dieron forma a sus productos venían de una generación anterior, ya que su abuela alemana también se había dedicado a la panadería y pastelería. Así, las recetas, técnicas y el gusto por este oficio fueron pasando dentro de la familia hasta llegar a Miguel, conocido como Geno, quien terminó haciendo de este trabajo una forma de vida.

Comenzó preparando los pinos de las empanadas, picando cebolla y haciendo todo lo relacionado a la venta de empanadas. Las ventas fueron aumentando poco a poco, y así fue como el local comenzó a tomar cada vez más forma. 

El nombre con el que el negocio se hizo conocido también tiene una historia familiar. Geno corresponde a las iniciales de los nombres de sus padres, Germán y Norma, y con el tiempo terminó convirtiéndose en la forma en que los clientes comenzaron a identificar tanto al local como a Miguel. Incluso existe un producto que lleva ese nombre: el famoso pancito Geno, una preparación característica de la casa que no lleva levadura.

De una pequeña panadería a una tradición

Con el paso de los años, Miguel fue participando cada vez más en el crecimiento del negocio, cumpliendo cada deseo de quien llegaba a comprar. Esa relación con los clientes terminó convirtiéndose en una de las partes más importantes de su historia, ya que ha sido uno de los pilares que le ha dado fuerza para mantener su local. Siente el cariño de la gente y se emociona con las historias de familias que han ido generación tras generación.

Hoy la histórica panadería continúa funcionando en Recoleta, pero también mantiene un segundo local en Dr. Barros Borgoño 34-A, cerca del Metro Manuel Montt, en Providencia. Miguel sigue siendo parte activa del negocio y durante los últimos cinco años ha contado especialmente con el apoyo de su nuera, Carolina, quien se ha convertido en su brazo derecho y en una pieza fundamental para que pueda continuar con sus labores.

"Este es mi vida"

A sus 88 años, Miguel no habla de su trabajo como una obligación. Al contrario, dice que le encanta ir a la pastelería y que estar presente le ayuda a mantener activa la mente. Después de prácticamente toda una vida dedicada al negocio familiar, las masas, los clientes y la rutina del local forman parte de su día a día y de una identidad que construyó durante décadas.

Su objetivo ahora es seguir sumando años detrás del mostrador. Primero quiere llegar a los 90 y, cuando alcance esa edad, volverá a evaluar hasta dónde puede llegar. La meta que se plantea es ambiciosa: si las condiciones se lo permiten, quiere intentar llegar a los 100. Mientras tanto, continúa trabajando bajo la misma idea que ha guiado a Geno durante generaciones: hacer las cosas con constancia, cuidar los productos y mantener vivo un oficio que comenzó con su abuela y continuó con su madre.

Para Miguel, sin embargo, Geno es mucho más que una panadería. Es el lugar donde aprendió a trabajar, donde construyó una vida junto a su familia y donde ha visto crecer a varias generaciones de clientes. Por eso, cuando le preguntan por qué continúa yendo a trabajar a los 88 años, su respuesta es sencilla: le gusta estar ahí. Después de una vida completa entre hornos y masas, la pastelería sigue siendo, como él mismo dice, parte de su vida.