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Mario Salinas y su historia como creador de Di Marros, la clásica tienda de ropa masculina sport que lleva más de 40 años en la industria

Abrió Di Marros en 1983 y llegó a tener tiendas en el Apumanque, Providencia y Viña del Mar. También conoció los fracasos, las deudas y la pérdida de parte de su patrimonio, pero a sus 78 años todavía sigue trabajando porque no quiere dejar atrás el oficio que entretiene todos sus días. 

Mario Salinas tiene 78 años y es dueño de Di Marros, una empresa familiar que abrió en 1983, cuando la industria textil chilena atravesaba uno de sus periodos más difíciles. Desde entonces, su historia ha estado marcada por cierres, cambios de rumbo y varios fracasos, pero también por momentos en que el negocio logró crecer hasta convertirse en una fuente de sustento para toda su familia.

La llegada de la industria china

A comienzos de los años 80, Salinas recuerda una crisis económica que golpeó con fuerza al rubro textil. Con la llegada de la industria china comenzaron a desaparecer tiendas y fábricas, mientras competir por precio se volvía cada vez más difícil. “No podía competir con la ropa china, por los precios, no por calidad”, cuenta.

Fue entonces cuando decidió buscar otra forma de mantenerse en el mercado. Comenzó a estampar prendas y a venderlas a las tiendas de la época, intentando ofrecer productos que no estuvieran disponibles en otros lugares. Al principio fue complicado: según recuerda, los clientes estaban más preocupados por cuánto costaba una prenda que por su calidad.

Di Marros

La apuesta, sin embargo, comenzó a dar frutos. Con diseños atractivos y productos de buena calidad, logró cautivar a una cantidad importante de clientes. Di Marros llegó a tener tiendas en el Apumanque, en Providencia y también en Viña del Mar, mientras el negocio atravesaba distintas etapas.

Pero el crecimiento no significó que los problemas quedaran atrás. Salinas cuenta que tuvo varios fracasos en el camino y que, aunque hubo un periodo de éxito en el que incluso pudo comprar varias propiedades, la situación posteriormente comenzó a cambiar.

Con el paso del tiempo, su patrimonio comenzó a diluirse. Las dificultades económicas lo llevaron a desprenderse de casi todos los inmuebles que había adquirido para poder pagar deudas. El recorrido de su negocio estuvo lejos de ser lineal y, después de haber alcanzado momentos de bonanza económica, tuvo que enfrentar nuevamente las consecuencias de una industria que había cambiado.

Aun así, el empresario decidió continuar con aquello que había aprendido a hacer. En Di Marros comenzó a poner especial atención en la calidad y en los diseños propios. Actualmente muestra prendas que, según explica, no se destiñen, no se viran ni se encogen, además de diseños originales desarrollados por la propia empresa.

Una empresa que también es familia

El negocio tampoco se construyó en solitario. Hoy Di Marros es una empresa familiar en la que participan su señora y su sobrino. Para él, además, los años dedicados a este trabajo tuvieron una recompensa que va más allá de las propiedades o los periodos de éxito, porque el negocio le permitió entregar una buena educación a sus hijos y construir junto a ellos una vida digna.

A sus 78 años, Mario tampoco parece tener intenciones de detenerse. Cuando le preguntan por qué continúa trabajando, responde que no sabe hacer otra cosa y que tampoco quiere pasar sus días frente al televisor o leyendo en su departamento. Prefiere mantenerse activo, seguir trabajando y conservar una actividad que lo ha acompañado durante más de cuatro décadas.

Su historia no es la de un negocio que siempre creció ni la de un empresario que nunca tuvo que retroceder. Es, más bien, la de alguien que abrió una empresa en medio de una crisis, encontró una manera de competir cuando la industria cambió, conoció el éxito, perdió parte de lo construido y decidió continuar. Porque, como reconoce Salinas, el camino casi nunca es lineal, pero lo que Di Marros le permitió construir junto a su familia sigue teniendo valor.