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Mario Araneda: el artesano de 91 años que encontró su verdadero emprendimiento después de jubilar

A los 91 años, Mario Araneda sigue levantándose con la misma ilusión que muchos emprendedores cuando comienzan un proyecto. Dos veces por semana instala su puesto en una feria de artesanía, exhibe sus creaciones de madera y conversa con quienes se acercan a admirar su trabajo. Lo hace desde hace 15 años, sin faltar prácticamente nunca.

Su historia demuestra que nunca es tarde para emprender.

De contador a artesano

Durante cuatro décadas trabajó como contador de empresas. Sin embargo, la madera siempre estuvo presente en su vida. Desde niño creció rodeado de herramientas gracias a su padre, constructor de oficio, quien le enseñó a usar cepillos, sierras y distintas técnicas de trabajo manual.

"Siempre tuve un taller en mi casa. Siempre hubo un banco de trabajo y herramientas", recuerda.

Aunque la artesanía era solo un hobby durante su etapa laboral, al jubilarse decidió transformarla en una fuente de ingresos complementaria. La disminución de sus ingresos lo llevó a buscar una alternativa, pero también vio la oportunidad de dedicar más tiempo a algo que realmente lo apasionaba.

La belleza escondida en la madera

Cuando se le pregunta qué hace exactamente, su respuesta es sencilla:

"Busco la belleza en la madera".

Mario trabaja principalmente con maderas nativas y gran parte de sus piezas son elaboradas casi por completo con herramientas manuales. Evita depender de maquinaria industrial y dedica largas horas a los detalles más pequeños.

Uno de los elementos que más llama la atención de sus creaciones son los animales tallados en madera. En muchos casos, los ojos están fabricados con pequeñas incrustaciones de ébano, un material difícil de conseguir y de alto valor.

"La gente ve el resultado final, pero no sabe las horas que paso lijando para lograr esas terminaciones suaves", comenta.

El origen de sus primeras creaciones

Sus primeros trabajos no fueron los animales que hoy lo caracterizan. Comenzó fabricando cajas, flores y mariposas, inspiradas por una antigua afición: coleccionar insectos.

Más adelante, una de sus hijas le sugirió comenzar a crear figuras de animales, idea que terminó transformándose en uno de los sellos distintivos de su trabajo.

Con el tiempo fue desarrollando un estilo propio, basado en el respeto por la madera y en la búsqueda constante de nuevas formas y diseños.

La primera venta y una inesperada ayuda

Cuando decidió comenzar a vender sus creaciones, una persona cercana le recomendó participar en una feria de artesanía.

"Usted está señalado para estar en esa feria", recuerda que le dijeron.

Aceptó el desafío y desde entonces no ha dejado de asistir.

Uno de los recuerdos que más atesora de sus primeros días como artesano ocurrió cuando una visitante observó sus trabajos y decidió regalarle una colección de muestras de maderas nativas que habían pertenecido a su esposo.

La caja contenía numerosos trozos de distintas especies, cada una identificada con su nombre científico y común. Ese regalo se transformó en una fuente permanente de inspiración para sus futuras creaciones.

Quince años sin faltar

Mario participa en la feria desde sus inicios.

"Estoy aquí desde que comenzó hace 15 años. La feria funciona los miércoles y sábados, y yo soy el que no falta", cuenta con orgullo.

Gracias a esa constancia, muchos visitantes ya lo reconocen y vuelven periódicamente a ver sus nuevas creaciones.

Porque si hay algo que lo caracteriza, es su necesidad permanente de innovar.

"La gente siempre me pregunta qué tengo de nuevo", explica.

Emprender a los 91 años

Lejos de pensar en retirarse, Mario sigue desarrollando proyectos.

Actualmente está importando desde España una máquina especializada para trabajar madera, una inversión importante incluso para alguien con décadas de experiencia.

Su objetivo es seguir creando, adaptando algunas tareas que ya requieren demasiado esfuerzo físico.

"La edad no influye en la pasión por el trabajo", afirma.

Y agrega una frase que resume perfectamente su filosofía de vida:

"Si no trabajara en esto, me moriría de tedio. No podría estar sentado esperando".

Una pasión heredada

Gran parte de su amor por la madera nació gracias a su padre.

Cuando se casó, recibió como regalo varias cajas llenas de trozos de las maderas más hermosas que su padre había acumulado durante años de trabajo. Entre ellas había piezas de alerce que siguió utilizando durante décadas.

Además heredó algunas de sus herramientas más preciadas, incluyendo antiguos cepillos ingleses que todavía conserva.

"¿Cómo no amar esto?", se pregunta.

El arrepentimiento que no existe

Al mirar hacia atrás, reconoce que quizás habría querido dedicarse antes a la artesanía.

Sin embargo, la vida tenía otros planes. Se casó joven, tuvo tres hijos y llegó a trabajar simultáneamente en tres ocupaciones para sostener a su familia.

"Debería haber empezado antes, pero no estoy arrepentido. Porque todavía tengo tiempo", dice sonriendo.

Una lección para cualquier emprendedor

La historia de Mario Araneda deja una enseñanza poderosa.

Mientras muchas personas creen que emprender tiene fecha de vencimiento, él demuestra exactamente lo contrario. A los 91 años sigue creando, aprendiendo, innovando e incluso importando nuevas herramientas para mejorar su trabajo.

Su motivación no es solo vender.

Es transformar un trozo de madera en algo capaz de sorprender a quien lo observa.

Y quizás por eso una de las anécdotas que más recuerda ocurrió cuando un niño de apenas cinco años observó sus creaciones y le preguntó si realmente las había hecho él mismo.

Cuando Mario respondió que sí, el niño simplemente le dijo:

"Lo felicito".

A veces, el reconocimiento más valioso llega de donde menos se espera. Y después de más de nueve décadas de vida, Mario sigue encontrando razones para seguir creando cada día.

Pueden encontrar a Mario en la Ecoferia La Reina, que abre miércoles y sábado de 9:30 a 14:00 hrs en Plaza Chile Perú, La Reina.