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Los Peques: la tradicional confitería del centro de Santiago que aún mantiene los clásicos

Fundada en 1969 por un inmigrante austríaco que llegó a Chile tras ser contratado por Hucke, una antigua fábrica dedicada a los dulces, la Confitería Los Peques se convirtió en un clásico del centro de Santiago que mantiene la misma esencia con la que comenzó, hace casi 60 años.

De Austria a Santiago

Un anuncio en el diario en el que decía que buscaban personal dispuesto a viajar desde Austria a Chile para trabajar en Hucke, una fábrica de galletas, chocolates y confites, fue el motivo por el que comienza todo. Debido a la crisis generada por la Primera Guerra Mundial, el padre de Sofía decide venir a Chile con su esposa e hijos, para empezar una nueva vida. 

Luego de jubilar de esa compañía, decidió iniciar una nueva etapa junto a su esposa y en 1969 abrió una confitería en el centro de Santiago, a pasos de la Plaza de Armas. El matrimonio comenzó a dedicarse a la venta de dulces y confites, convirtiéndose en un clásico que ha acompañado a cientos de clientes durante décadas. 

50 años en la vitrina 

En 1973, luego de haber tenido tres hijos, comenzó a trabajar en la confitería de sus padres, porque era el único lugar en el que podía trabajar media jornada. Aunque había estudiado Trabajo Social y no tenía inicialmente entre sus planes dedicarse al comercio, poco a poco comenzó a involucrarse cada vez más en el funcionamiento de la confitería.

Con el paso de los años, esa ayuda terminó transformándose en una dedicación de más de cinco décadas. Hoy, a sus 77 años, Sofía continúa trabajando en Los Peques y conoce de cerca los productos, los clientes y las dinámicas de una tienda que ha logrado mantener una oferta poco habitual en el centro de la capital.

Los sabores que sobreviven

Los productos favoritos de la gente son los chocolates a granel. En el negocio de Sofía están los clásicos de siempre, pero también tiene líneas exclusivas traídas desde Austria. 

Los Peques es, además, el único negocio de su estilo dentro del centro de Santiago, convirtiéndose en una parada habitual para antiguos clientes que regresan en busca de los mismos sabores que recuerdan de su juventud. Para muchos, entrar al local también significa encontrarse con aromas y productos asociados a su infancia, en una experiencia que se ha repetido durante generaciones.

El relevo familiar

Pero el futuro del local ya no depende solamente de Sofía. Francisco, uno de sus hijos, se interesó por la confitería y decidió asumir el desafío de continuar con la empresa familiar. Así, Los Peques comienza a preparar el paso hacia una tercera generación al mando, mientras Sofía se concentra en transmitirle los conocimientos que ha adquirido durante más de 50 años detrás del mostrador.

El objetivo es que esa experiencia no se pierda con el cambio generacional. La forma de atender, conocer los productos y mantener una oferta que ha resistido el paso del tiempo son parte de los conocimientos que Sofía busca traspasar a su hijo, quien continuará a cargo de este imperdible del centro de Santiago.