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La historia detrás de la última entrevista a Horst Paulmann

Durante meses intenté entrevistar al fundador de Cencosud. Nadie podía ayudarme, hasta que un guardia de seguridad de Alto Las Condes decidió escucharme.

El 24 de julio de 2024 entrevisté a Horst Paulmann, fundador de Cencosud y uno de los empresarios más importantes de la historia de Chile.

La conversación duró menos de tres minutos y fue completamente improvisada. Sin cámaras profesionales, sin una reunión agendada y con un pequeño micrófono que había llevado por si se presentaba la oportunidad.

Lo que no sabíamos en ese momento era que terminaría convirtiéndose en la última entrevista conocida que concedería antes de su fallecimiento, ocurrido el 11 de marzo de 2025.

Pero para entender cómo llegué hasta él, hay que volver varios meses atrás.

Una entrevista que parecía imposible

Llevaba meses tratando de entrevistar a Horst Paulmann.

Había hablado con distintas personas y buscado contactos que pudieran acercarme a él, pero nadie quería o podía ayudarme. Conseguir una reunión formal parecía prácticamente imposible.

Hasta que alguien me comentó que, a pesar de su avanzada edad, Horst todavía frecuentaba Alto Las Condes y que era común verlo recorriendo el supermercado Jumbo o visitando algunos de los restaurantes del centro comercial.

Decidí ir personalmente.

No tenía ningún contacto, ninguna reunión programada y tampoco sabía si realmente estaría ahí. Solo tenía una idea clara: si quería entrevistarlo, tenía que encontrar una manera distinta de llegar a él.

Dentro del Jumbo de Alto Las Condes me acerqué a un guardia de seguridad. Le conté quién era, le expliqué el trabajo que realizaba en Emprendedor Chile y por qué quería conversar con Horst Paulmann.

También le pedí su número de teléfono.

Sorprendentemente, me lo dio.

Desde ese momento, todas las semanas le escribía para preguntarle exactamente lo mismo.

"¿Has sabido algo de don Horst?"

Durante semanas la respuesta fue siempre negativa.

Hasta que un día llegó el mensaje que estaba esperando, 2 meses después del primer mensaje.

"Horst está en Alto Las Condes."

Dejé todo y partí al mall

En cuanto recibí ese mensaje, dejé todo lo que estaba haciendo y salí inmediatamente hacia Alto Las Condes.

No sabía cuánto tiempo estaría ahí, dónde se encontraba exactamente ni si aceptaría conversar conmigo. Lo único que hice fue tomar mi teléfono y un pequeño micrófono por si se presentaba la oportunidad.

Cuando llegué comencé a recorrer el mall preguntando si alguien lo había visto.

Después de un rato me dijeron que estaba almorzando en uno de los restaurantes.

Fui hasta allá y esperé afuera.

Pasaron casi dos horas.

No tenía ninguna certeza de que aceptaría hablar conmigo. También existía la posibilidad de que saliera por otra puerta o simplemente me dijera que no.

Pero después de tantos meses intentando conseguir esa entrevista, esperar una hora más no parecía demasiado.

El momento decisivo

Finalmente Horst salió del restaurante.

No venía solo. Caminaba acompañado por varias personas.

Antes de acercarme a él fui donde una de las personas que lo acompañaban. Lo reconocí inmediatamente porque era la misma persona con la que llevaba meses hablando por teléfono.

Yo había conseguido su número tiempo atrás y durante semanas le escribía preguntándole si existía alguna posibilidad de entrevistar a Horst. Siempre me respondía con mucha amabilidad, pero también con mucha sinceridad: no era posible.

Esta vez no le pedí una entrevista.

Solo le pregunté si podía acercarme a saludarlo.

Me dijo que sí.

Me acerqué y apenas lo saludé, Horst hizo algo que me llamó mucho la atención.

En vez de seguir caminando, se detuvo y comenzó a hacerme preguntas.

"¿Cómo te llamas?"

"¿A qué te dedicas?"

Le conté que era François Pouzet, que tenía varios emprendimientos y que desde hacía mucho tiempo quería conocerlo porque admiraba profundamente su historia.

Fue una conversación muy natural.

Y en ese momento me di cuenta de que estaba abierto a conversar.

Entonces miré nuevamente a la persona que lo acompañaba y le pregunté si podía hacerle una pequeña entrevista ahí mismo, de pie.

Me dijo que sí.

Saqué el pequeño micrófono que llevaba conmigo y le expliqué a Horst que solo quería hacerle un par de preguntas para compartir un mensaje con los emprendedores.

Al principio no entendió muy bien de qué se trataba.

Cuando le mostré que simplemente grabaría con mi teléfono y que serían solo un par de minutos, aceptó inmediatamente.

Así comenzó una conversación que terminó durando menos de tres minutos.

Tres minutos que, con el tiempo, adquirirían un valor enorme.

"No le tengan miedo al trabajo"

La primera pregunta fue muy simple.

"Don Horst, ¿qué le recomendaría a los emprendedores?"

Su respuesta fue inmediata.

"Lo que yo les recomiendo... no le tengan miedo al trabajo. Si uno cree que las cosas se hacen solas, no es así."

Después contó que llevaba cerca de 75 años trabajando.

Recordó que había comenzado siendo muy joven, primero ayudando desde niño y luego trabajando a los 13 años en Argentina, donde atendía el teléfono y repartía correspondencia en una empresa de importaciones y exportaciones.

Con los años terminaría construyendo Cencosud, uno de los grupos de retail más importantes de Latinoamérica.

Las personas primero

Hubo una parte de la conversación que me llamó especialmente la atención.

Horst habló del tamaño de su empresa, pero no para presumir.

Lo primero que destacó fue a las personas.

"Si usted tiene a su personal contento, el personal atiende bien a sus clientes."

En pocas palabras resumió una filosofía de liderazgo que probablemente explica buena parte del éxito que logró construir durante décadas.

No hablaba solamente de vender más.

Hablaba de cuidar a quienes hacen posible que una empresa funcione.

La universidad de la vida

En medio de su respuesta hubo una reflexión que me llamó mucho la atención.

Sin que yo se lo preguntara, comenzó a hablar de su formación.

Me contó que nunca había ido a la universidad.

Pero agregó una frase que nunca olvidé.

"Yo tuve una universidad en Argentina."

Explicó que haber vivido durante tantos años enfrentando crisis económicas e inflaciones enormes le enseñó muchísimo más de lo que cualquier sala de clases podría haberle enseñado.

Era una defensa del aprendizaje práctico.

De aprender trabajando.

De aprender resolviendo problemas reales.

"Yo solamente quería avanzar"

Después le hice una pregunta que siempre me gusta hacer.

"¿Alguna vez se imaginó que iba a lograr todo lo que logró?"

Su respuesta fue sorprendentemente sencilla.

"No. Yo solamente quería avanzar y hacer cosas."

No habló de convertirse en uno de los empresarios más importantes de Latinoamérica.

No habló de construir un imperio.

Solo habló de avanzar.

Creo que esa respuesta resume perfectamente la mentalidad de muchos grandes emprendedores.

No parten pensando en construir empresas gigantes.

Empiezan dando el siguiente paso.

Y después otro.

Y otro.

Una conversación muy humana

La entrevista también tuvo momentos muy entretenidos.

Horst me preguntó cuántos años tenía.

Cuando le respondí que tenía 37, se rió y me dijo:

"Pucha... yo pensaba que tenía 18."

Después quiso saber a qué me dedicaba.

Le conté que tenía algunos emprendimientos y que uno de ellos era Float Chile, un centro de flotación.

Entonces volvió a insistir en la misma idea.

"Tenga siempre presente... si no trabaja, no va a llegar a ningún lado."

Después hablamos de nuestras familias.

Él me contó, con mucho orgullo, que tenía un hijo pequeño.

Yo le respondí que tenía dos hijas.

Terminamos riéndonos cuando me dijo:

"Está igual que yo... pero yo tengo 60 años más que usted."

Fue una conversación increíblemente cercana.

Muy distinta a la imagen seria que muchas personas tenían de él.

Dos días después de la entrevista quise agradecer nuevamente la oportunidad. Le escribí un mensaje a la persona con la que había hablado durante meses para intentar conseguir la entrevista y que ese día me permitió acercarme a Horst.

Le escribí:

"Hola XXXX, aquí François. Muchas gracias por permitirme hacer la pequeña entrevista a don Horst."

Su respuesta fue breve, pero me quedó grabada.

"Hola. Claro, de nada. Estuvo muy bueno."

En ese momento no imaginábamos que esa conversación de menos de tres minutos terminaría convirtiéndose en la última entrevista pública de Horst Paulmann.

Sin saberlo, fue la última entrevista

Cuando publiqué ese video pensé que había conseguido una entrevista muy especial.

Nunca imaginé que, pocos meses después, tendría un significado completamente distinto.

El 11 de marzo de 2025 Horst Paulmann falleció a los 89 años.

Con el paso del tiempo, distintas personas comenzaron a darse cuenta de que esa breve conversación grabada en Alto Las Condes había sido la última entrevista que concedió públicamente.

Y eso le dio un valor imposible de imaginar ese día.

La verdadera enseñanza

Cuando miro hacia atrás, creo que esta historia no trata realmente sobre haber entrevistado a Horst Paulmann.

La verdadera enseñanza está en todo lo que ocurrió antes.

Durante meses nadie pudo ayudarme.

Podría haber aceptado que era imposible.

En cambio decidí ir personalmente al lugar donde sabía que él podía aparecer.

Hablé con un guardia de seguridad.

Conseguí su teléfono.

Durante semanas mantuve el contacto.

El día que apareció la oportunidad dejé todo lo que estaba haciendo.

Recorrí el mall buscándolo.

Esperé más de una hora afuera de un restaurante.

Y cuando finalmente apareció, primero pedí permiso para saludarlo.

Después esperé el momento adecuado para pedirle una entrevista.

Muchas veces pensamos que las grandes oportunidades llegan gracias a los grandes contactos.

Mi experiencia fue exactamente la contraria.

Todo comenzó porque un guardia de seguridad decidió escucharme y porque durante meses fui lo suficientemente perseverante como para seguir preguntando.

La entrevista duró menos de tres minutos.

Pero esos tres minutos conservaron uno de los últimos mensajes públicos de uno de los empresarios más importantes de la historia de Chile.

Y quizá la frase que mejor resume tanto su historia como la mía ese día es la misma que él me respondió cuando le pregunté cuál era el secreto de su éxito.

"Yo solamente quería avanzar y hacer cosas."

A veces, eso es exactamente lo único que se necesita para que ocurra algo extraordinario.