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La historia del Jardín Español y su dueña, Fresia Palma, quien hace casi 50 años convirtió el patio de su casa en un enorme vivero en Ñuñoa

Después de una fuerte crisis económica, en 1977, Fresia Palma y su esposo decidieron dejar atrás un almacén para comenzar un negocio completamente distinto. Partieron con 100 plantas en un terreno de 1.000 m2 y, casi cinco décadas después, el vivero sigue funcionando bajo el mando de Fresia, quien a sus 77 años sigue levantándose temprano para desayunas y regar sus plantas. 

De un almacén a un vivero

Una crisis económica llevó a Fresia Palma y a su esposo a buscar una nueva fuente de ingresos. Hasta entonces, ambos habían trabajado en un almacén, pero las dificultades económicas los obligaron a replantear el rumbo. La alternativa apareció en su propia casa, que tenía un terreno de 1.000 m2 que tenían en Ñuñoa y que decidieron destinar a la venta de plantas y flores.

En 1977 abrieron el Vivero Jardín Español. Los comienzos fueron modestos: contaban con apenas 100 plantas, que fueron aumentando a medida que el negocio comenzaba a tomar forma. El crecimiento fue progresivo y tomó doce años completar los distintos espacios del terreno, que con el tiempo se convirtió en un amplio vivero con una variada oferta de especies.

Desde entonces, Fresia ha estado ligada al funcionamiento del lugar. Hoy, a 49 años de su apertura, trabaja junto a su hijo y su yerno, quienes participan de las labores cotidianas del negocio y de la atención de quienes llegan hasta el recinto.

Una jornada que comienza temprano

A sus 77 años, la rutina de Fresia sigue marcada por los horarios del vivero. De lunes a sábado se levanta a las 7:00 horas, toma desayuno y comienza con el riego de las plantas. Dos horas después, cuando abre sus puertas, ya está preparada para recibir a los clientes.

Buena parte de su jornada transcurre entre las distintas especies que componen el vivero. Fresia disfruta de esa actividad y asegura que trabajar con las plantas le permite despejarse de las preocupaciones diarias. Por eso, mantenerse ocupada y seguir participando de las tareas del negocio es parte importante de su día a día.

A lo largo de estas décadas también ha visto pasar a distintas generaciones de compradores. Actualmente, recibe tanto a clientes que conocen el vivero desde hace años como a personas que llegan por primera vez. Entre estos últimos, destaca la presencia de jóvenes, que se han convertido en parte importante del público que visita el lugar.

Una fórmula que se mantiene vigente

Aunque las redes sociales se han convertido en una herramienta habitual para promocionar pequeños y grandes negocios, el Jardín Español ha mantenido una estrategia mucho más tradicional. Fresia prefiere el boca a boca y las recomendaciones de sus propios clientes como principal forma de darse a conocer.

Esa dinámica ha acompañado al vivero durante sus 49 años de funcionamiento. Sin una estrategia digital como principal canal de difusión, el recinto continúa recibiendo visitantes que llegan por referencias de otras personas y por el conocimiento que han adquirido del lugar con el paso del tiempo.

Actualmente, Fresia atendiendo todo el día el Jardín Español. A casi medio siglo de haber iniciado el proyecto con apenas 100 plantas, continúa cuidando sus plantas que tantas alegrías le han entregado.