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La historia de Alberto Gosselin, dueño de la clásica Librería Atlántida, ubicada a pasos de La Moneda

A sus 87 años, continúa llegando casi todos los días a las ocho de la mañana al local que fundó su padre hace 70 años, en plena Alameda. Un negocio que ha sobrevivido al paso del tiempo combinando la venta de libros clásicos y actuales con artículos de oficina.

Un negocio familiar 

La historia de la Librería Atlántida lleva años construyéndose en plena Alameda. Su padre fundó el local que mezclaba venta de libros y artículos de oficina, estrategia que siguen manteniendo. El negocio ha logrado sobrevivir a los cambios del comercio y del país, aunque ya las ventas no son como antes. 

Antes de comenzar a trabajar en Atlántida, tuvo varios locales ubicados en diferentes partes de Santiago, dedicados a la venta de lo que más le gusta: los libros. Hasta que en 1995 llegó a trabajar a la librería familiar, donde ya estaba trabajando su esposa. 

Cuando llegó a trabajar ahí, el entorno de la Alameda era diferente al de hoy, porque el lugar concentraba miles de oficinas de abogados, ingenieros, arquitectos y personas que entraban a diario a su local. Nunca estaba vacío. 

Era tanto el éxito, que en cada Navidad le pedía a sus nietos que lo ayudaran en su negocio para poder atender a todos los clientes. Toda la familia ha trabajado ahí.

Una librería como las de antes

La realidad comercial fue cambiando con el tiempo y Atlántida también tuvo que adaptarse. La venta de libros disminuyó considerablemente y dejó de tener el protagonismo de antes. Hoy, el negocio se sostiene principalmente gracias a los artículos de oficina y escolares, una mezcla que cada vez se encuentra menos en el comercio tradicional.

Sin embargo, los libros siguen formando parte de la identidad del local y sobre todo de Alberto. Entre sus estantes todavía aparecen ejemplares nuevos de editoriales que ya no existen, verdaderas “joyitas”, como él dice.

Pero el cambio en las ventas no ha significado el cierre del negocio. Atlántida continúa funcionando en el mismo punto de la Alameda donde ha estado durante siete décadas, mientras el entorno que alguna vez estuvo repleto de oficinas y clientes habituales también ha experimentado profundos cambios. 

No quiere quedarse en la casa

A sus 87 años, Alberto Gosselin sigue llegando a las 8 de la mañana, casi todos los días, dependiendo de cómo amanezca. 

“¿Quedarse en la casa? No, uno se oxida”, dice. Después de más de tres décadas trabajando en la clásica Librería Atlántida y de toda una vida ligada a la venta de libros, hoy sigue al mando de la que ha sido su segunda casa durante 30 años.