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Juanita y sus empanadas de pino: una historia familiar que lleva más de 20 años construyéndose en Cerrillos

Juanita Meliñir lleva más de 20 años preparando empanadas de pino y cada domingo abre las puertas de su emprendimiento, un negocio familiar que nació en el patio de su casa y en el que sus tres hijos también han sido parte.

El horno de barro con el que empezó todo

La historia de Empanadas de la Juanita comenzó cuando uno de sus hijos decidió construir un horno de barro en el patio de la casa. La idea era comenzar a vender empanadas y pan, con y sin chicharrones, aunque no todos estaban convencidos del proyecto.

Con el tiempo, Juanita se fue involucrando cada vez más en el negocio. Aprendió a darle forma a una actividad que terminaría acompañando a su familia durante décadas y que hoy continúa siendo un trabajo familiar. Ella prepara la masa y el pino, mientras sus hijos la ayudan cuando sus propias ocupaciones se los permiten.

Una vida antes de las empanadas

Antes de dedicarse a este oficio, Juanita tuvo una vida marcada por el trabajo y los cambios. Nació en la Región de La Araucanía y cuando tenía siete años perdió a su madre, quien falleció durante el parto de uno de sus hermanos. Creció junto a su padre y, años después, decidió trasladarse a Santiago debido a distintas dificultades familiares.

En la capital comenzó trabajando haciendo aseo en casas. Más adelante conoció a su esposo, se casó y formó una familia con sus tres hijos. Fueron ellos, precisamente, quienes terminarían teniendo un papel importante en el nacimiento del emprendimiento que hoy lleva su nombre.

Empanadas, pero de pino

Aunque el negocio comenzó ofreciendo más productos, con los años Juanita terminó concentrándose en una preparación que se convirtió en su sello: la empanada de pino.

Hoy esa es la única variedad que vende habitualmente. Si alguien le pide otro relleno, eso sí, puede prepararlo especialmente, pero su apuesta está clara: mantener el pino como protagonista y trabajar sobre una receta que conoce y disfruta.

Una tradición de domingo

Otro elemento que distingue al emprendimiento es su particular horario. Empanadas de la Juanita funciona solamente los domingos, convirtiendo la preparación en una especie de ritual semanal para la familia.

Ese día, Juanita se dedica a cocinar, atender a quienes llegan y preocuparse de que la experiencia sea más que simplemente comprar una empanada. Si los clientes deciden comer ahí, ella misma les ofrece pebre, les sirve una bebida y está pendiente de que no les falte nada.

“Me da vida”

Para Juanita, cocinar no es solamente una manera de generar ingresos. Es una actividad que disfruta y que, según cuenta, le entrega energía. “Yo trabajo porque a mí me gusta y me da vida”, dice.

Esa motivación también aparece cuando habla de sus clientes. Una de sus mayores satisfacciones es escuchar que la masa está rica, que el pino tiene buen sabor o simplemente ver que alguien disfruta lo que acaba de preparar.

Una familia detrás del negocio

Durante estos más de 20 años, las empanadas también fueron una herramienta para sacar adelante a su familia. Juanita destaca especialmente que sus tres hijos lograron convertirse en profesionales gracias al esfuerzo de todos estos años.

Aunque cada uno siguió su propio camino y tiene su profesión, los tres continúan ayudándola cuando pueden. Así, aquel horno que comenzó como una idea de uno de sus hijos terminó dando forma a un emprendimiento en el que todos han tenido algún grado de participación.

El secreto no está en la receta

Cuando le preguntan a Juanita cuál es el secreto de sus empanadas, no habla de cantidades exactas ni de algún ingrediente especial. Para ella, la respuesta es mucho más sencilla: el cariño.

“Me da alegría cuando dicen: ‘Qué rica la masa, qué rico el pino, el sabor’”, cuenta. Después de más de dos décadas preparando empanadas, son precisamente esas reacciones las que siguen dándole sentido al trabajo.

Los años han pasado, sus hijos crecieron y el negocio fue cambiando, pero el horno de barro y las empanadas siguen siendo parte de la rutina familiar. Cada domingo, Juanita vuelve a preparar la masa, cocinar el pino y recibir a quienes llegan buscando una de sus empanadas.