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José Robles, el relojero más antiguo de Santiago que mantiene vivos los históricos relojes patrimoniales de la capital

A sus 83 años, José Robles sigue atendiendo su relojería en calle Ahumada. Su experiencia lo convirtió en el especialista al que recurren cuando se trata de reparar algunos de los relojes patrimoniales más importantes de Santiago, incluidos los del Museo Histórico Nacional y la ex Intendencia.

Más de medio siglo detrás del mesón

José Robles Álvarez lleva toda una vida dedicado a la relojería. A sus 83 años continúa atendiendo su relojería en pleno centro de Santiago, convirtiéndose en el relojero más antiguo de la capital que aún sigue ejerciendo el oficio.

Su historia comenzó cuando ingresó a una escuela técnica anexa a la antigua Escuela de Artes y Oficios, donde descubrió una profesión que nadie más ejercía en su familia. Más tarde realizó su práctica en la reconocida relojería Tic-Tac, considerada una de las mejores de Santiago en esos años.

La confianza que marcó su camino

Durante su primer día de práctica protagonizó una anécdota que recuerda con cariño. Cuando el dueño del local, un maestro alemán, le preguntó qué hacía, José respondió con seguridad que era técnico relojero. El hombre sonrió y le dijo: "Estás demasiado caro para ayudante".

Diez años después, ese mismo maestro le dio el consejo que cambiaría su vida: vendería el negocio y le recomendó independizarse. José siguió esa sugerencia y abrió su propia relojería en Nueva York, donde trabajó durante décadas, hasta que en 2010 logró comprar su anhelada oficina en calle Ahumada. 

El especialista al que nadie pudo reemplazar

Con el paso de los años, la calidad de su trabajo hizo que su nombre comenzara a circular entre instituciones que buscaban salvar antiguos relojes monumentales. El primero fue el reloj de la ex Intendencia de Santiago, una compleja maquinaria que José logró reparar con éxito.

Ese trabajo lo llevó hasta el Museo Histórico Nacional. Antes que él, especialistas provenientes de Europa habían intentado reparar su histórico reloj sin obtener resultados. José sí lo consiguió y desde entonces quedó a cargo de su mantención. Además, ha trabajado en relojes ubicados en edificios emblemáticos como el Club de la Unión y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, transformándose en un referente de la relojería patrimonial en Chile.

Una promesa que sí cumplió

Cuando era joven, su padre no entendía por qué quería convertirse en relojero. José, sin embargo, tenía claro su objetivo. Le prometió que algún día sería uno de los mejores relojeros de Chile, tendría una oficina propia y nadie sería su jefe.

Hoy, mirando hacia atrás, siente que cumplió cada una de esas metas. Su relojería sigue abierta, continúa ejerciendo el oficio que eligió hace más de seis décadas y, gracias a su trabajo, algunos de los relojes más importantes del patrimonio de Santiago siguen marcando el paso del tiempo. "Tengo misión cumplida", dice con orgullo. Esa frase resume la trayectoria de un hombre que hizo del tiempo el trabajo de toda una vida.