El vino como identidad: la filosofía de Roberto Henríquez
El vino como identidad: la filosofía de Roberto Henríquez
Roberto Henríquez es un enólogo y viñatero chileno originario de Concepción, reconocido por rescatar y valorizar la tradición vitivinícola campesina del sur de Chile. Formado como Ingeniero Agrónomo y Enólogo en la Universidad de Concepción, trabajó en bodegas de Chile y del extranjero, pero su experiencia con productores artesanales le hizo elegir un camino propio: el vino como expresión de territorio, historia y patrimonio cultural.
Desde 2015 elabora vinos naturales en el Secano Interior, principalmente en el Biobío e Itata, recuperando viñedos centenarios de cepa País y otras variedades tradicionales. Cultiva sin riego ni químicos y vinifica con métodos ancestrales, destacando la identidad local por sobre el marketing.
En un mundo del vino cada vez más competitivo y marcado por tendencias globales, el enólogo y viñatero chileno Roberto Henríquez levanta una bandera distinta: la del origen, la emoción y la autenticidad.
Para él, quienes desean entrar al universo vitivinícola deben partir por la convicción. “Creer en uno mismo”, afirma, es el primer paso para crear un proyecto sólido. Una convicción que no se quede en ideas sueltas, sino que sea capaz de plasmarse y conducirse con claridad hasta convertirse en una expresión auténtica en la botella.
Henríquez critica la dependencia excesiva de la marquetería o la estrategia comercial como motor inicial de una etiqueta. “Que no sea un equipo marquetero que esté detrás en la creación del vino”, dice. Para él, si un consumidor conecta con el nombre, el color o el lugar de origen de un vino, no debería ser por una campaña diseñada en una oficina, sino porque hay una verdad emocional que lo sostiene.
El relato del vino, sostiene, debe nacer desde la intimidad y la propia historia del creador:
“Que sea tu emoción, tu idea, tu relato completo”.
Desde su mirada, el vino es cultura viva. Es un acto creativo personal que luego se vuelve colectivo cuando el consumidor lo prueba y comprende su origen. Es ahí donde la marca —más allá del marketing— cobra sentido como un símbolo de la identidad del viñatero y del territorio.
Henríquez enfatiza que el verdadero valor está en sentir el proyecto como algo propio:
“Lo que a ti te hace sentir bien como algo propio, algo tuyo… eso para mí es fundamental”.
En tiempos donde muchas bodegas buscan adaptarse a modas pasajeras, su mensaje vuelve a lo esencial: el vino nace del corazón del viñatero, de su historia, de su tierra y de su convicción.