El tostador de pan que está en las cocinas de Chile y el mundo: la historia de Cocimex y su dueño, Jorge Cañete
Hay objetos que pasan tan desapercibidos que rara vez nos preguntamos quién los fabrica y el tostador es uno de ellos. Un utensilio habitual en las cocinas chilenas y ligado a una costumbre tan simple como guardar el pan para el día siguiente. Jorge Cañete lleva décadas dedicado a producirlos.
Una fábrica que lleva tres generaciones
Jorge Cañete conoce el mundo de los artículos de cocina desde niño. Su abuelo fue quien inició el oficio familiar, fabricando coladores, embudos y moldes para tortas. Después fue su padre quien tomó las riendas y mantuvo en funcionamiento la fábrica.
Cuando su padre falleció, Jorge y su hermano decidieron continuar con el negocio. Fabricaban distintos productos, entre ellos moldes y ralladores, mientras buscaban nuevas alternativas para mantener activa la empresa. Fue en ese período cuando Jorge comenzó a fijarse en un utensilio que terminaría marcando su camino: el tostador.
Hace poco más de 50 años decidió fabricarlo. La idea tenía relación directa con una costumbre que conocía bien: en Chile se consume mucho pan y, en muchas casas, el que quedaba de un día para otro no se botaba. Se guardaba para después. El tostador permitía calentarlo nuevamente y llevarlo otra vez a la mesa.

Cuando había que convencer al mercado
La idea parecía tener sentido, pero las ventas no acompañaron de inmediato. En la fábrica había otros productos que tenían mayor movimiento y el tostador todavía no encontraba el lugar que Jorge esperaba. Su hermano, de hecho, terminó perdiendo la confianza en que ese producto pudiera convertirse en un buen negocio.
Los dos tomaron entonces caminos distintos dentro de la empresa. Su hermano continuó trabajando con otros artículos y Jorge decidió quedarse con el tostador. No sabía cuánto podía crecer ni cuánto tiempo tendría que esperar para verlo despegar. Simplemente decidió seguir fabricándolo.
La decisión terminó siendo determinante. Con el paso de los años, el tostador fue ganando espacio y Cocimex comenzó a ampliar su producción. Lo que antes era una de varias líneas de fabricación pasó a convertirse en el producto con el que Jorge identifica buena parte de su trayectoria.
El mayor fabricante de Chile (y el mundo)
Hoy, a los 70 años, Cañete calcula que en Cocimex se fabrican alrededor de 1.000 tostadores diarios. El producto se distribuye en distintas ciudades del país y, según cuenta, es posible encontrarlo desde Arica hasta Punta Arenas.
Para Jorge, encontrarse con sus tostadores en distintos lugares de Chile sigue teniendo un significado especial. Después de tantos años fabricándolos, reconoce que una de sus mayores satisfacciones es ver que el producto llegó mucho más lejos de lo que alguna vez imaginó.
Hay además un factor que ha jugado a favor del producto: no necesita demasiadas explicaciones. El tostador sigue cumpliendo exactamente para lo que fue pensado. Calentar el pan, recuperar el que quedó del día anterior y resolver una necesidad cotidiana sin mayores complicaciones.
Un utensilio que resiste al paso del tiempo
El tostador ha sobrevivido a cambios en las cocinas, a nuevas formas de preparar alimentos y a la aparición de electrodomésticos que ofrecen funciones cada vez más sofisticadas. Aun así, mantiene un espacio propio, especialmente en hogares donde el pan sigue teniendo un lugar central en la mesa.
Esa permanencia también explica por qué un producto tan sencillo puede sostener una actividad industrial durante décadas. No se trata de una moda ni de un artículo que dependa de una temporada específica. Es un objeto asociado a una costumbre que se mantiene y que, para muchas familias, forma parte de la rutina.

En Cocimex, además, el tostador forma parte de una historia familiar que ya suma tres generaciones. El abuelo de Jorge fabricaba artículos de cocina; su padre continuó con el oficio y él terminó especializándose en un producto que inicialmente no convencía a su propio hermano.
A sus 70 años, Jorge sigue viendo en esa decisión una de las mejores elecciones que ha tomado. No habla de grandes fórmulas empresariales ni de una estrategia sofisticada. Habla de haber visto una necesidad, haber confiado en ella y haber tenido la paciencia para esperar.
Más de 50 años después, basta entrar a una cocina chilena para encontrarse con el resultado. Un tostador sobre la cocina, esperando el pan de la mañana o el que quedó del día anterior. Y detrás de muchos de ellos está Cocimex, una fábrica familiar que convirtió ese pequeño objeto cotidiano en su principal oficio.