Don Lolo, el maestro del crepé: 79 años de oficio en el Barrio Victoria
“Hola, me llamo Eliodoro Donoso, tengo 79 años. Aquí estamos en mi taller en el Barrio Victoria”.
Así comienza el relato simple y directo de Eliodoro Donoso Jara, más conocido como Don Lolo, uno de esos personajes que no salen en portadas, pero que sostienen la identidad de un barrio entero.

El botín de crepé: un saber que casi desaparece
El fuerte de Don Lolo es un calzado que hoy casi no se ve: el botín de crepé. Un botín corto, armado como un zapato tradicional, pero con una planta de crepé cosida, recortada y rematada a mano.
El proceso no tiene atajos:
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Se arma el zapato hacia afuera
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Se instala la planta de crepé
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Se cose, se recorta, se forma el taco
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Se remata, se limpia y se envasa
“Ese es el botín de crepé que se usaba mucho antes”, cuenta, con la naturalidad de quien repitió ese proceso cientos —quizás miles— de veces.

Aprender mirando, probando y equivocándose
Don Lolo no estudió diseño ni calzado en una escuela formal. Aprendió intuyendo, mirando y atreviéndose a hacer.
“A los 14 años empecé para los mandados en talleres de calzado. Después fui juntando plata, comprando materiales, haciendo pares para vender… y así empecé a surgir”.
Ese es el emprendimiento más puro: sin plan de negocios, sin mentorías, sin capital inicial. Solo curiosidad, oficio y constancia.
De los botines a todo tipo de calzado
Con el tiempo, su taller se transformó en un espacio versátil. Además de botines de crepé, Don Lolo fabricó:
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Zapatos de mujer
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Mocasines
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Chalas
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Alpargatas
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Zapatos de niño
Cada par con el mismo criterio: hacerlo bien.
El legado: enseñar al hijo
Uno de los momentos más potentes de la entrevista aparece cuando habla de su hijo.
“Después le enseñé a mi hijo… a todo mi hijo”.
Hoy, César, su hijo, trabaja junto a él y recibe los pedidos. No solo heredó un taller, heredó una forma de entender el trabajo: paciencia, respeto por el material y orgullo por lo bien hecho.

Seguir trabajando por gusto, no por obligación
A los 79 años, Don Lolo sigue yendo al taller todos los días.
“Para la edad que tengo, no debería estar trabajando… pero me entusiasmo. Hago cualquier cosa para no aburrirme”.
No es necesidad. Es vocación. El taller no es solo su sustento: es su lugar en el mundo.
Un patrimonio vivo del Barrio Victoria
El taller de Don Lolo no es solo un negocio. Es memoria viva, es cultura, es identidad. En un mundo acelerado, su historia recuerda que emprender también puede ser permanecer, transmitir y resistir.
📍 Taller Don Lolo – Barrio Victoria, Santiago
📞 Pedidos y encargos: +56 9 7296 7867 (César)
En Emprendedor Chile creemos que estas historias importan. Porque no todos los emprendedores levantan startups. Algunos levantan barrios enteros, par a par, durante toda una vida.