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De metalúrgico a fabricante de zapatos: conoce la historia de reinvención de René Vega

A los 75 años, René Vega lleva más de 50 años ligado al mundo del calzado, aunque su historia comenzó muy lejos de los talleres de zapatería. La quiebra de la empresa donde trabajaba lo obligó a aprender un oficio desde cero y, años después, la crisis del calzado chileno volvió a cambiar su rumbo. De vender insumos pasó a fabricar zapatos y terminó construyendo su propia marca: Calzados Reva.

Un comienzo lejos del mundo del calzado

Antes de dedicarse a los zapatos, René Vega trabajaba como metalúrgico en la industria Ferriloza. Su vínculo con el calzado comenzó de manera inesperada, luego de que la empresa quebrara y quedara cesante junto a otros trabajadores. Sin experiencia en el rubro y con la necesidad de encontrar una nueva fuente de ingresos, llegó hasta el barrio Matta, donde comenzó a conocer una industria que hasta entonces le era completamente ajena.

Tacos, plantas, cueros y otros insumos formaban parte de un mundo que René no conocía. Para aprender, ingresó a trabajar a Suelería Río, que recuerda como una de las buenas escuelas que existían en esos años. Allí comenzó a familiarizarse con los distintos procesos y materiales utilizados por los fabricantes de calzado, hasta que decidió independizarse y dar sus primeros pasos como emprendedor.

Su primera etapa dentro del rubro fue como proveedor. René comenzó a vender insumos para los zapateros y logró construir un negocio alrededor de una actividad que había aprendido prácticamente desde cero. Durante años, su trabajo estuvo ligado a abastecer a quienes fabricaban los zapatos, hasta que una nueva crisis volvió a poner a prueba su capacidad para comenzar nuevamente.

La llegada de la crisis del calzado chileno

En 1995, la industria del calzado chileno atravesó una profunda crisis que golpeó a fabricantes y proveedores. Muchas empresas quebraron y otras quedaron con importantes deudas, arrastrando también a negocios que dependían de ellas. René fue uno de los afectados y tuvo que buscar una nueva forma de sostenerse económicamente.

La situación llegó en un momento especialmente complejo. Tenía hijos estudiando en la universidad y necesitaba mantener los ingresos de su familia, por lo que quedarse de brazos cruzados no era una opción. Junto a un grupo de amigos comenzó a preguntarse qué podían hacer para salir adelante. Fue entonces cuando volvió a recurrir a una herramienta que ya había marcado su vida: la capacidad de reinventarse.

El primer intento fue la marroquinería. René comenzó a fabricar carteras, pero pronto descubrió que los márgenes eran demasiado bajos. Mientras algunos de sus colegas comenzaban a fabricar zapatos, decidió seguir ese camino. El cambio significaba mucho más que sumar un nuevo producto: después de años vendiendo los insumos que utilizaban los zapateros, ahora tendría que convertirse él mismo en fabricante.

De vender insumos a fabricar zapatos

Para dar ese salto contó con la ayuda de un maestro zapatero que conocía profundamente el oficio. El hombre no solo confeccionaba zapatos, sino que también diseñaba los modelos y trabajaba a medida. Fue él quien impulsó a René a entrar de lleno en la fabricación y le ofreció enseñarle el proceso mientras Vega se encargaba de buscar a las personas necesarias para producirlos.

Así comenzó una nueva etapa en su trayectoria. El hombre que había llegado al barrio Matta sin saber cómo funcionaba una solería pasó de vender cueros, plantas y otros insumos a involucrarse directamente en la elaboración del producto final. Con el tiempo, ese cambio terminó transformando completamente su negocio.

La reinvención también implicó modificar la identidad comercial que había construido durante años. A su local, muchos todavía lo conocen como Molina, el nombre de la ciudad de la Región del Maule donde nació René. Sin embargo, después de la crisis tuvo que cambiar el nombre del negocio y comenzar una nueva etapa bajo la marca Calzados Reva. La antigua denominación, eso sí, permanece en la fachada como una especie de rastro visible de la historia que quedó atrás.

Un oficio que se niega a desaparecer

Alrededor de 2015, René volvió a enfrentar un momento difícil cuando falleció el maestro que había sido fundamental en sus primeros pasos como fabricante. Una vez más tuvo que buscar la manera de continuar y encontró a quienes podían ayudarlo a mantener la producción. Desde entonces, Calzados Reva se ha dedicado principalmente a la fabricación de zapatos de hombre, incluyendo modelos personalizados.

Sus zapatos son confeccionados de manera artesanal y, según explica, utiliza materiales naturales y pone especial atención en la calidad y duración de cada pieza. Después de casi 50 años en el rubro, René asegura que lo que ofrece no es simplemente un producto, sino el resultado de un oficio aprendido con el tiempo y construido a partir de cada una de las dificultades que le tocó enfrentar.

Hoy, sin embargo, ve una amenaza que no puede resolver simplemente reinventando su negocio: la falta de relevo generacional. Según cuenta, muchos de los maestros que todavía fabrican calzado de manera artesanal tienen entre 75 y 78 años, mientras que son pocos los jóvenes que muestran interés por aprender las técnicas necesarias para continuar con el oficio.

A sus 75 años, René Vega sigue detrás de su taller y de Calzados Reva, después de una trayectoria que comenzó en la metalurgia y terminó llevándolo a fabricar zapatos a mano. Su historia está marcada por la necesidad de comenzar de nuevo cada vez que las circunstancias cambiaron: primero aprendió un oficio que desconocía, después dejó de ser proveedor para convertirse en fabricante y finalmente levantó una marca propia.

¿Dónde encontrar Calzados Reva? 📍Victoria 922, Santiago o al +56 9 9696 9691