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Claudio Burg, el hombre que a sus 85 años aún mantiene vivo el legado de Bombones Dos Castillos

Hace más de siete décadas, una pareja de inmigrantes alemanes comenzó a elaborar chocolates de manera artesanal en Chile. Hoy, su hijo Claudio mantiene viva la tradición familiar desde el histórico local de Bombones Dos Castillos, en plena Galería Agustín Edwards de Santiago.

Bombones finos rellenos con pasta de chocolate, trufas, mazapanes, chocolates con forma de corazón, huevitos de Pascua y las tradicionales naranjitas confitadas bañadas en chocolate. Quienes recorren la Galería Agustín Edwards pueden encontrar allí una de las chocolaterías más tradicionales del centro de Santiago, un negocio que ha acompañado a distintas generaciones y que, a sus 78 años de historia, sigue siendo atendido por uno de los herederos de su legado.

Claudio Burg tiene 85 años y continúa trabajando diariamente en Bombones Dos Castillos. Entre las vitrinas repletas de dulces y los antiguos moldes que han dado forma a cientos de productos a lo largo de las décadas, mantiene viva una historia familiar que comenzó mucho antes de que el local abriera sus puertas.

Dos alemanes instalados en Chile a punto de construir un imperio

La empresa nació gracias a sus padres, Edith y Fritz Burg, quienes llegaron a Chile desde Alemania en 1939. En busca de una nueva oportunidad, comenzaron a elaborar chocolates de manera artesanal desde su hogar. Edith había estudiado chocolatería en Alemania y posteriormente se perfeccionó en Suiza, conocimientos que transformó en el corazón del emprendimiento. Mientras ella preparaba los productos, Fritz se encargaba de comercializarlos, recorriendo Santiago y ofreciendo los chocolates a familias alemanas que residían en la capital.

El esfuerzo dio resultados y, tras algunos años de trabajo, la familia logró instalarse en el Pasaje Agustín Edwards en 1948, coincidiendo con la inauguración de la emblemática galería. Desde entonces, Bombones Dos Castillos ha permanecido en el mismo lugar, convirtiéndose en parte del patrimonio comercial y gastronómico del centro de Santiago.

Aunque Claudio conoció el negocio desde niño, fue a los 26 años cuando decidió incorporarse formalmente al trabajo familiar. Desde entonces, ha dedicado gran parte de su vida a la elaboración de chocolates, aprendiendo las técnicas y recetas que sus padres desarrollaron durante años. Hoy continúa participando tanto en la producción como en la atención de clientes, manteniendo una cercanía que muchos valoran y recuerdan.

La historia de la chocolatería también está presente en cada rincón del local. Entre las estanterías se pueden encontrar fotografías de Edith y Fritz Burg, antiguos moldes utilizados para fabricar productos que ya forman parte de la memoria de sus clientes y una medalla otorgada por la Municipalidad de Santiago en reconocimiento a su aporte a la gastronomía local y a su trayectoria en la comuna.

Algunos de esos moldes cuentan historias propias. Allí permanecen piezas utilizadas para fabricar las antiguas lengüitas de gato, un producto que ya no se comercializa, y otros que fueron elaborados especialmente para el desaparecido Hotel Carrera, uno de los edificios más emblemáticos de la capital durante gran parte del siglo XX.

El compromiso sigue intacto: mantener la calidad de siempre

A pesar del paso del tiempo, Claudio asegura que existe una razón fundamental para continuar trabajando: preservar el legado que sus padres construyeron con esfuerzo y dedicación. Para él, el desafío no solo consiste en mantener abierto el negocio, sino también en conservar la calidad que ha caracterizado a Bombones Dos Castillos desde sus inicios.

Esa filosofía ha permitido que clientes de distintas generaciones sigan regresando al local. Muchos llegaron por primera vez acompañados de sus padres o abuelos y hoy vuelven junto a sus propios hijos, transformando la visita a la chocolatería en una tradición familiar que se ha mantenido durante décadas.

A sus 85 años, Claudio Burg no piensa en retirarse. Mientras tenga la energía para hacerlo, seguirá trabajando entre chocolates, moldes históricos y recuerdos familiares. Lo hará desde el mismo local donde sus padres consolidaron un sueño hace más de siete décadas y donde cada bombón sigue siendo una muestra de la tradición artesanal que dio origen a Bombones Dos Castillos.

Galería Agustín Edwards, local 388.