Casi 50 años reparando relojes: la historia de Mario Hellman, el relojero que convirtió un oficio en una forma de vida
Hay negocios que nacen con un plan de crecimiento. Otros nacen simplemente del gusto por hacer bien un trabajo.
Ese fue el caso de Mario Hellman.
Desde 1975 se dedica a la reparación de relojes y joyas en Chillán, una actividad que ha mantenido de manera ininterrumpida durante casi cinco décadas. Hoy sigue atendiendo clientes, cambiando pilas, reparando mecanismos y realizando trabajos de joyería, en un oficio que aprendió junto a su padre cuando aún era estudiante.
Un aprendizaje que comenzó en el negocio familiar
La historia de Mario con los relojes comenzó mucho antes de abrir su propio local.
Su padre tenía una relojería en el Mercado de Chillán y fue allí donde empezó a aprender el oficio. Mientras estudiaba, trabajaba en el negocio familiar y utilizaba esos ingresos para financiar parte de sus gastos.
Con el tiempo fue adquiriendo experiencia en la reparación de relojes, el trabajo con joyas y distintas técnicas de soldadura.
Lo que comenzó como una ayuda familiar terminó convirtiéndose en una vocación.
"Este es un oficio que empecé a querer de a poco porque era muy entretenido desarmar relojes", recuerda.
El salto a la independencia
En 1975 decidió independizarse.
Arrendó un pequeño local en la misma calle donde sigue trabajando hasta el día de hoy, aunque originalmente estaba ubicado justo al frente de su ubicación actual.
Desde entonces no ha abandonado el oficio.
Durante años no solo reparó relojes, sino que también fabricó joyas de manera artesanal. Sin embargo, con el paso del tiempo el mercado cambió y comenzó a ser más conveniente traer productos terminados desde Santiago que fabricarlos localmente.
Aun así, la esencia de su trabajo se mantuvo intacta: ofrecer un servicio especializado y cercano.
Un trabajo que requiere precisión y paciencia
Aunque muchas personas creen que cambiar una pila es algo simple, Mario explica que gran parte de su trabajo requiere conocimientos técnicos, herramientas específicas y mucha atención a los detalles.
La relojería es un oficio donde una pieza diminuta puede determinar el funcionamiento completo de un mecanismo.
Esa precisión es una de las razones por las que ha logrado mantenerse vigente durante tantos años.
Pero no es la única.
La importancia de entender al cliente
Cuando Mario habla de lo que más le gusta de su trabajo, no menciona primero los relojes ni las joyas.
Habla de las personas.
Para él, una parte fundamental del oficio siempre ha sido el contacto directo con los clientes.
"Había que tener un contacto directo con la gente y tratar de interpretar al cliente con lo que quería", explica.
Esa cercanía le ha permitido construir relaciones que se han extendido durante décadas, atendiendo a varias generaciones de una misma familia.
Casi medio siglo haciendo lo mismo... y disfrutándolo
En una época donde muchos negocios desaparecen después de pocos años, la historia de Mario demuestra el valor de la constancia.
No construyó una gran cadena ni una empresa con cientos de trabajadores.
Construyó algo distinto.
Una trayectoria de casi 50 años basada en el conocimiento de un oficio, el trabajo bien hecho y la confianza de sus clientes.
Y mientras los relojes sigan necesitando reparación, parece que Mario seguirá disfrutando exactamente lo que comenzó a hacer cuando era apenas un joven que aprendía junto a su padre en el Mercado de Chillán.