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A sus 81 años sigue trabajando todos los días en la librería que su familia comenzó hace más de 70 años

A sus 81 años, Mariane Giorgi Pommerenke sigue llegando prácticamente todos los días a trabajar a Librería El Caribe, un negocio familiar ubicado en pleno centro de Concepción y cuya historia comenzó hace más de siete décadas.

“Yo vengo a trabajar todos los días, porque si no estaría acostada en la cama”, cuenta entre risas.

Para ella, mantenerse activa es parte de su forma de vivir.

“Me encanta trabajar. Hay que moverse y ocupar la cabeza”.

De una fuente de soda a una librería

La historia de El Caribe se remonta aproximadamente a 1955, en una época marcada por el desarrollo industrial de la zona y el crecimiento de Huachipato.

Pero originalmente no era una librería.

El negocio comenzó como una pequeña fuente de soda, instalada en un espacio mucho más reducido que el actual.

Según recuerda Mariane, un hombre había obtenido una concesión del lugar a través de Bienes Nacionales e invitó a su madre a participar del negocio.

Su mamá se encargaba de mandar a preparar kuchenes, tortas y otros productos que se ofrecían a los clientes.

Con el tiempo apareció una nueva oportunidad.

La instalación y desarrollo de Huachipato había llevado a trabajadores y profesionales extranjeros a la zona, entre ellos ingleses. La madre de Mariane comenzó entonces a viajar a Santiago para traer libros de bolsillo en inglés, conocidos como pocket books, y venderlos en Concepción.

Así, poco a poco, los libros comenzaron a ganar espacio dentro del negocio.

La antigua fuente de soda terminó convirtiéndose en la Librería El Caribe, conservando hasta hoy el nombre de sus orígenes.

Una vida rodeada de libros

Mariane prácticamente creció entre libros.

“Los libros, porque con ellos nací”, responde cuando le preguntan qué es lo que más le gusta del negocio.

Durante muchos años El Caribe comercializó novelas, textos técnicos y libros escolares. Sin embargo, el mercado fue cambiando.

Mariane explica que dejaron de trabajar con buena parte de los libros técnicos y escolares porque muchas editoriales comenzaron a vender directamente y las condiciones para las pequeñas librerías dejaron de ser tan convenientes.

Actualmente, el negocio se concentra principalmente en novelas, otros libros y artículos de escritorio.

“Lo que más me gusta es estar aquí y ofrecer libros y artículos de escritorio también”, cuenta.

Un negocio familiar que atraviesa generaciones

Mariane aclara que no se considera simplemente la dueña de la librería. El negocio perteneció a sus padres y posteriormente quedó en manos de la familia. Hoy ella posee una participación junto a sus hermanos.

Pero más allá de los porcentajes, su relación con El Caribe es difícil de separar de su propia historia.

Ha visto cambiar el centro de Concepción, las galerías comerciales, la industria editorial y la manera en que las personas compran libros.

Incluso cambió la dirección con la que históricamente identificaban el local.

La librería se encuentra actualmente en Aníbal Pinto 450, local 104, en Concepción, en lo que antiguamente era conocido como Galería Alessandri.

Y después de más de siete décadas de historia familiar, ya existe una nueva generación vinculada al negocio.

Su sobrina trabaja junto a ella y Mariane cree que probablemente será quien continúe con la librería en el futuro.

“Hasta que pueda”

A los 81 años, Mariane no habla de una fecha para dejar de trabajar.

Cuando le preguntan hasta cuándo le gustaría seguir llegando a la librería, su respuesta es sencilla:

“Hasta que pueda”.

Su historia muestra una realidad que se repite en muchos emprendimientos tradicionales de Chile: negocios que comenzaron pequeños, fueron adaptándose durante décadas y terminaron convirtiéndose en parte de la historia de una familia y de una ciudad.

Librería El Caribe comenzó con una pequeña fuente de soda, sobrevivió a los cambios del comercio y de la industria del libro y, más de 70 años después, continúa atendiendo en el centro de Concepción.

Y detrás del mesón todavía está Mariane Giorgi Pommerenke, llegando prácticamente todos los días, rodeada de los libros con los que creció y haciendo algo que, a sus 81 años, asegura que todavía le encanta hacer: trabajar.