A sus 80 años sigue atendiendo el negocio familiar que comenzó hace más de 70 años
La historia comenzó mucho antes. Su esposo, Ricardo Palacios, abrió el local en 1954 y fue el primer comerciante en instalarse en la galería. Cuando Benicia se casó con él, se sumó inmediatamente al negocio y desde entonces nunca dejó de trabajar allí.
Hoy, tras el fallecimiento de su esposo y luego de que uno de sus hijos dejara el negocio en 2022, continúa adelante junto a su hija, quien también decidió integrarse de lleno al emprendimiento familiar.
“Este negocio es todo para mí. Nunca tuvimos otra entrada. Gracias a él criamos a nuestras hijas, vivimos durante todos estos años y todavía sigo viviendo de esto”, cuenta.
Aunque reconoce que tiene problemas en las piernas y que a veces necesita guardar reposo, asegura que mientras la salud se lo permita seguirá trabajando.
“No puedo quedarme encerrada en un departamento esperando que llegue el momento. Mientras pueda caminar, quiero seguir viniendo.”
El local se especializa principalmente en trofeos deportivos, además de otros productos relacionados. Según explica, una de las razones por las que muchos clientes siguen prefiriéndolos es porque mantienen precios muy competitivos.

“Los clientes comparan, recorren y muchas veces vuelven a los cinco minutos porque encuentran que aquí están los mejores precios.”
Después de más de cinco décadas atendiendo público, también observa con preocupación cómo ha cambiado el comercio.
“Las ventas han bajado mucho. No solamente aquí, es algo general. Todos los días vemos negocios de muchos años que están cerrando.”
Cuando le preguntan qué consejo daría a quienes quieren emprender, responde con humildad.
“Nunca nadie me dio consejos. Pero creo que hay que ser responsable, cumplir con los horarios y ser constante.”
A sus 80 años, Benicia sigue demostrando que la perseverancia, el compromiso y el trabajo diario pueden mantener vivo un negocio familiar durante generaciones. Una historia que refleja el esfuerzo silencioso de miles de emprendedores que, pese a las dificultades, cada mañana vuelven a levantar la cortina de su local.
