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A sus 80 años, Rosa Lara es quien conserva el legado de la tienda filatélica más antigua de Santiago

Así nació la histórica tienda que lleva 70 años funcionando 

La historia del negocio se remonta a 1956, cuando Sergio Heise Fuenzalida, descendiente de alemanes y recién titulado de la universidad, decidió seguir la pasión que realmente lo motivaba. En lugar de ejercer su profesión, convenció a su familia de permitirle abrir una filatelia, dedicada al coleccionismo de sellos postales, un pasatiempo que en esa época despertaba el interés de miles de jóvenes.

Con los años, Penique Negro se transformó en un punto de encuentro para aficionados y coleccionistas. Aunque el mundo ha cambiado y la tecnología ha desplazado muchas costumbres, el local permanece prácticamente intacto. Sus estanterías y vitrinas conservan el mismo espíritu de hace décadas, convirtiéndose en un verdadero refugio para quienes disfrutan de la historia y los objetos que cuentan el pasado.

Fue precisamente ese lugar el que cambió para siempre la vida de Rosa Lara. Ella llegó un día para vender algunos sellos y terminó conociendo al hombre que sería su compañero de vida. "Ahí nos chiflamos y nunca más nos separamos", recuerda con una sonrisa. Desde entonces, no solo compartieron una historia de amor, sino también una vocación que marcaría su futuro.

El legado de Sergio Heise

Cuando Sergio falleció hace 14 años, muchos dudaron de que Rosa pudiera mantener el negocio funcionando. Sin embargo, ella asumió el desafío con la tranquilidad de quien había aprendido durante años al lado del fundador. "Él me enseñó todo el rubro. Gracias a él pude mantenerme. Mucha gente decía: '¿Cómo esta señora va a saber?'. Pero gracias a Dios he podido mantener el negocio hasta ahora", afirma.

Entre los innumerables tesoros que conserva, uno ocupa un lugar especial: una fotografía de Sergio acompañada de flores. Rosa la mantiene a la vista porque, asegura, sigue sintiendo su compañía. "No fue solo mi marido, él me enseñó todo sobre los sellos y eso se lo agradezco hasta hoy. Por eso tengo su retrato con flores, para que me cuide también", comenta con emoción.

El conocimiento adquirido durante tantos años se refleja en cada rincón del local. Aunque para un visitante todo pueda parecer un cúmulo de álbumes, carpetas y recuerdos, Rosa sabe exactamente dónde está cada pieza. Incluso cuando estuvo enferma, repasaba mentalmente desde su casa la ubicación de los objetos, como una forma de mantenerse conectada con el lugar que considera parte de su vida.

Una pasión que busca nuevas generaciones

Rosa reconoce que la filatelia ya no vive el auge de otros tiempos. Muchos de los grandes coleccionistas han fallecido y cada vez son menos quienes llegan buscando completar un álbum o descubrir la historia detrás de un sello postal. Aun así, mantiene intacta la esperanza de que las nuevas generaciones vuelvan a interesarse por este mundo.

Para ella, coleccionar va mucho más allá de acumular objetos. Cada estampilla, moneda o postal representa un fragmento de la historia de un país y una oportunidad para aprender. "La filatelia es el arte de juntar estampillas del mundo y de Chile. La historia de un papelito donde está escrito todo lo que era nuestro", explica. Y aunque reconoce que el negocio ya no genera la abundancia de antes, asegura que existe una riqueza mucho más valiosa: "No es abundante, pero es abundante en conocimientos. Y eso es lo mejor".

¿Dónde encontrar el Penique Negro? 📍Paseo Ahumada 312, local 23, Galería Edwards