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A los 79 años, “El Tata Soldador” convirtió un viejo oficio en un emprendimiento familiar

Rafael Prado (79) dejó los estudios a los 16 años y durante más de cuatro décadas trabajó en industrias de Chile y el extranjero. Hace cuatro años decidió independizarse y comenzó a fabricar “rockets”, unas particulares estufas a leña que hoy comercializa junto a sus hijos.

Encontró su camino en la soldadura

A diferencia de sus más de diez hermanos, Rafael Prado decidió no seguir una carrera profesional. A los 16 años dejó los estudios y, tras una discusión con su padre, recibió un ultimátum: trabajar o estudiar. Finalmente, un cuñado que conocía Inacap lo llevó hasta la institución, donde realizó cursos de mecánica de banco y mantención que terminarían convirtiéndose en la base de su trayectoria laboral. 

Aquellos conocimientos le permitieron desarrollar un oficio al que dedicaría más de 40 años de su vida. Rafael trabajó en distintas industrias, tanto en Chile como en el extranjero, además de realizar trabajos de manera independiente, fabricando cobertizos, rejas y portones. Con el paso de las décadas, la soldadura dejó de ser solamente su trabajo y se transformó en un oficio que llegó a dominar.

Pero después de tantos años trabajando para terceros, comenzó a sentirse cansado. Hace aproximadamente cuatro años, mientras conversaba con un amigo, le comentó que quería dejar atrás el trabajo externo y buscar una alternativa que le permitiera trabajar por su cuenta. Fue entonces cuando recibió una particular propuesta: su amigo le envió el dibujo de un “rocket”, un artefacto quE nunca había visto.

Un dibujo que terminó convirtiéndose en emprendimiento

“De ahí partí yo con eso. No tenía idea lo que era un rocket”, cuenta Rafael. A partir de aquel dibujo comenzó a investigar y experimentar con la fabricación de estas estufas, conocidas por utilizar poca leña y alcanzar altas temperaturas en un punto específico de su estructura.

Su funcionamiento también permite utilizarlas para cocinar. En la parte superior se pueden instalar los discos que Rafael fabrica, sobre los que sus clientes pueden preparar distintas comidas, desde un curanto hasta un cocimiento o un mariscal. Así, lo que comenzó como una idea que llegó en forma de dibujo terminó convirtiéndose en un nuevo negocio para el soldador.

El emprendimiento también significó un cambio importante en su vida. Rafael comenzó a trabajar junto a dos de sus hijos y, después de décadas desempeñándose bajo las órdenes de otras personas, encontró en esta nueva etapa una de las cosas que más valora: la libertad de trabajar por cuenta propia. “Creo que estuve trabajando muchos años aperonado y lo más lindo fue trabajar en forma libre”, relata.

Del taller familiar a las redes sociales

El proyecto dio otro giro cuando uno de sus hijos lo incentivó a abrir una cuenta de TikTok. Rafael comenzó a mostrar en redes sociales el proceso de fabricación de sus productos y, poco a poco, los videos empezaron a atraer a miles de seguidores interesados en conocer su trabajo y verlo fabricar los distintos artefactos.

Hoy, bajo el nombre de El Tata Soldador, combina su experiencia de décadas en el oficio con las redes sociales y el trabajo junto a sus hijos. Su taller se convirtió así no solo en el lugar donde fabrica sus productos, sino también en el escenario desde donde comparte su conocimiento con una nueva generación de seguidores.

Con el 18 de septiembre cada vez más cerca, sus productos han encontrado además un público especialmente interesado en las preparaciones típicas de las Fiestas Patrias. A los 79 años, Rafael continúa soldando, fabricando y enseñando desde su taller en Recoleta, demostrando que un oficio aprendido en la juventud puede convertirse, décadas después, en una nueva oportunidad para emprender.