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Aprendió el oficio por casualidad y hoy, a los 73 años, los muebles son su terapia

Tras décadas en la construcción, Celso Narbona aprendió el oficio de los muebles casi por casualidad y terminó convirtiéndolo en su propio negocio. Hoy, a los 73 años, asegura que trabajar entre antigüedades y muebles no solo es su sustento, sino también una forma de mantenerse activo después de la muerte de su esposa.

Un oficio que comenzó por necesidad

Durante años, Celso Narbona se desempeñó en la construcción, principalmente como bodeguero y encargado de adquisiciones. Sin embargo, sabía que ese rubro podía ser inestable y que necesitaba aprender una actividad que le permitiera tener otra alternativa laboral. La oportunidad apareció casi por casualidad cuando comenzó a trabajar en una fábrica de muebles, donde aprendió el oficio por su cuenta.

Aunque después regresó a la construcción, la experiencia en la fábrica había quedado dando vueltas. No pasó mucho tiempo antes de que volviera a dedicarse a los muebles y comenzara a desarrollar un oficio que, con los años, terminaría convirtiéndose en su propio emprendimiento. Hoy compra, vende, repara y fabrica muebles, además de trabajar con antigüedades.

De los buenos años a la incertidumbre

El negocio tuvo una época especialmente favorable antes del estallido social. Según recuerda Celso, en ese entonces había bastante movimiento y “se ganaba plata”. Pero después de 2019 la actividad comenzó a decaer y el trabajo se volvió cada vez más irregular. La situación llegó a ser especialmente compleja durante los últimos meses, cuando junto al maestro que trabajaba con él podía pasar hasta dos semanas sin recibir dinero.

Ahora, asegura que poco a poco el movimiento está regresando y con ello también las oportunidades de trabajo. Pero para Celso, continuar con su negocio no tiene que ver solamente con generar ingresos. Hace seis años falleció su esposa y, desde entonces, mantenerse ocupado se transformó en una parte fundamental de su vida.

“Esto es mi terapia”

“Yo sigo trabajando porque quedé vivo”, dice Celso. A sus 73 años, el trabajo se convirtió en un motor para seguir adelante y en una manera de enfrentar el día a día. Incluso los problemas propios de atender un negocio cumplen, para él, una función: “Aquí uno siempre tiene problemas, con el cliente. Hay problemas siempre. Los problemas distraen y la distracción era lo que yo necesitaba”.

Esa rutina es precisamente lo que lo mantiene activo. “Si yo dejo de hacer esto, a lo mejor también dejo de existir muy pronto”, afirma. Por eso, cada jornada entre muebles, reparaciones y clientes representa mucho más que una jornada laboral: es un espacio donde mantenerse ocupado, aprender y seguir vinculado con otras personas.

Un negocio que también es parte de su historia

A lo largo de los años, Celso ha encontrado en su oficio una satisfacción que va más allá de lo económico. Cuenta que su trabajo le permitió educar a sus hijos y cumplir sueños personales. “Esto me ha dado frutos”, señala, mientras recuerda todo lo que ha construido a partir de su emprendimiento.

A sus 73 años, Celso continúa haciendo lo que aprendió décadas atrás. Compra, vende, repara y fabrica muebles, manteniendo vivo un oficio que comenzó como una alternativa frente a la inestabilidad de la construcción y que terminó convirtiéndose en una parte esencial de su vida. Hoy, seguir trabajando no es solo una decisión laboral: es, para él, una razón para continuar.