A los 65 años decidió emprender y hoy lleva una década con Quesos Marmen
Cuando Carmen Bravo regresó a Chile en 2016, no imaginó que su vida daría nuevamente un giro inesperado.
Después de vivir durante años en Alemania, regresó a Chile tras una dura separación y se enfrentó a una pregunta difícil: qué hacer con su vida cuando la jubilación parecía el camino más lógico. Pero Carmen nunca pensó en bajar el ritmo. A los 65 años decidió empezar de nuevo y apostar por el emprendimiento.
Así nació Quesos Marmen, un negocio ubicado en el centro de Santiago que comenzó con la venta de quesos y que, con el tiempo, fue creciendo para responder a las necesidades de quienes trabajan y viven en el sector.
Hoy, a sus 75 años, Carmen sigue atendiendo su local con la misma energía con la que abrió sus puertas hace una década.
Antes de convertirse en emprendedora, Carmen trabajaba para una empresa dedicada a la subtitulación de películas y series para la televisión latina en Estados Unidos. Era un trabajo estable y que parecía interesante, pero había algo que no terminaba de convencerla: “la sensación de estar encerrada es muy mala para la salud mental".
En medio de ese proceso de cambios personales, comenzó a considerar la idea de tener un negocio propio. Conversó con su hermano, quien ya tenía una quesería dentro de Santiago, y la animó a dar el paso y convertirse en su propia jefa.
Lo que parecía una alternativa para mantenerse activa terminó transformándose en un proyecto que marcaría los siguientes diez años de su vida.
“Me di cuenta que había una necesidad en el barrio”
Los primeros días de Quesos Marmen estuvieron enfocados en un producto específico: los quesos.
Sin embargo, Carmen al poco andar entendió que las personas que llegaban a comprar necesitaban mucho más que eso. En lugar de mantenerse fiel a una idea rígida, decidió observar a sus clientes y adaptarse a sus necesidades.
"Empecé con quesos y de a poco me fui agrandando porque me di cuenta de que había una necesidad en el barrio de surtirse de otros productos", cuenta.
Esa capacidad para escuchar y responder a lo que pedía el entorno fue una de las claves para el crecimiento del negocio. Con el paso de los años, el local fue ampliando su oferta y consolidándose como un punto de abastecimiento para quienes frecuentan el sector de calle Monjitas, en pleno Barrio Bellas Artes.
Una década emprendiendo
Cuando mira fotografías de sus primeros años como emprendedora, Carmen reconoce que el tiempo ha pasado, pero asegura que su forma de enfrentar la vida es hoy incluso mejor que antes.
"Cuando miro para atrás y veo las fotos digo: Dios mío, qué joven estaba", comenta entre risas. Pero inmediatamente agrega una reflexión que resume su forma de entender esta etapa de la vida.
"Hoy día me siento más joven que antes porque es súper lindo saber que uno todavía tiene mucho que aportar", dice. Para ella, el emprendimiento no solo significó una fuente de ingresos o una oportunidad laboral. También le permitió mantenerse activa, relacionarse con las personas y seguir sintiéndose parte importante de su comunidad.
“Sigo con la misma vitalidad con la que comencé hace diez años”
Muchas veces el emprendimiento se asocia a personas jóvenes que recién comienzan su vida laboral. La historia de Carmen demuestra que también puede ser una oportunidad para quienes deciden iniciar nuevos proyectos después de los 60 años.
Lo que comenzó como una forma de construir una nueva etapa personal terminó convirtiéndose en un negocio que ya cumple diez años de funcionamiento.
A sus 75 años, Carmen continúa detrás del mesón de Quesos Marmen, ubicado en Monjitas #387, atendiendo a sus clientes de martes a sábado, y demostrando que nunca es tarde para comenzar algo nuevo.
Porque si hay algo que ha aprendido durante esta década de trabajo en su local, es que la edad no determina cuánto se puede aportar, sino las ganas de seguir haciéndolo con la misma energía de siempre.